Paraje El Arazá: en busca de nuestra identidad local, por Homero Francisco Medina

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De donde salió esta gente maravillosa? Yoli, Claudia, Victoria, Agustina, Adelina, Marisol, Maxi y Leandro. Todo comenzó en septiembre de este año cuando, inefable combinación de “causas y azares” mediante, me hice cargo de las horas de Matemática de adultos en el CEPT n° 16 del Paraje El Arazá. Esta propuesta pedagógica se desarrolla en el marco de la oferta del Fines II, que permite algo muy poco habitual: el acceso de los adultos al nivel secundario en zonas rurales.
El desafío no podía ser mas prometedor. Pero para que se trocara en una realidad, igualmente interesante, hacía falta un grupo humano que estuviera a la altura de las circunstancias. Y vaya si lo hemos conseguido. De entrada me hicieron sentir como de la familia. Tan alegres como responsables, tan joviales como autoexigentes, tan cálidos como interesados en la posibilidad de aprender. Y así, mate mediante, discurre el conocimiento. Así, matizado con chistes e historias camperas, fluye el, no por remanido menos auténtico y real, proceso de enseñanza –aprendizaje. Me acuerdo de la noche que no hubo luz durante mis dos horas de clase. Sólo a Yoli o a mí se nos podía ocurrir contar esas lúgubres historias de aparecidos, o esas otras leyendas llenas de misterio y de conexiones con el mas allá. Es que la noche del campo se presta para esas intensas experiencias espirituales. Marisol y Agustina no se animaban a volver.
Cuantas cosas se aprenden de los alumnos. Maxi me ha puesto al tanto de casi toda la fauna lugareña. Lo del zorro gris pampeano no me sorprende en lo mas mínimo, ya que en los últimos tres años lo he visto reiteradas veces en la zona de Carboni. Pero sí me llama la atención la presencia del gato montés, del carpincho y de la mulita, a la que creía prácticamente extinguida.
La abundancia de zorrinos, liebres y peludos creo que no sorprendería a casi nadie. Sí resulta llamativo como, ciertas aves alóctonas, que han sido traídas en cautiverio muchos años atrás, hoy en día se encuentran perfectamente adaptadas a la vida silvestre, incluso siendo de origen subtropical. Es el caso de los cardenales que han vuelto al estado salvaje, tal como suelo observar en ese pequeño parque de la Estación de Arévalo, los miércoles, cuando me dirijo a la Escuela Agropecuaria de Carboni.
Con relación a los herbazales de la zona, lo que se aprecia parece darle la razón a las observaciones de Federico Versvoort de hace algunas décadas.
Se advierte la presencia de comunidades vegetales originarias, como diferentes especies de flechilla (en especial la stipa paposa), los espartillares, las cortaderas, penachos o colas de zorro, como así también, los típicos pajonales, que aunque su denominación científica sea la de Paspalum Quadrifarium, se conocen vulgarmente como matas de paja colorada. Por otra parte, por tratarse de una zona cercana al Río Salado, surcada por varios arroyos, con abundantes lagunas y bañados, también se pueden ver allí las típicas comunidades de suelos bajos como los duraznillares, con sus características flores lilas en primavera , los juncales, las eneas o espadañas, las ciperáceas y las praderas saladas.
A estos tesoros del patrimonio natural se agregan los del patrimonio histórico y cultural.
En cercanías de este Paraje, al que la toponimia oficial reconoce con el nombre de Paraje El Arazá (debido a la presencia de un árbol con ese nombre de origen guaraní y sobre el cual los lugareños no se ponen del todo de acuerdo: para algunos es una conífera y para otros es el árbol de las guayabas), se habría producido una importante batalla contra el indio en tiempos de Rosas. En ella habría encontrado la muerte  un jefe indio que ya es leyenda: el caciquejo del Arazá. Poco les importa a los lobenses que la única Batalla del Arazá que aparece referida en los libros de nuestra historia nacional, sea una batalla transcurrida en el actual Partido de Castelli. La del Partido de Lobos si no puede documentarse, será naturalmente convertida en pieza literaria a través del mito.
Pero mas allá de la denominación oficial de este Paraje, hay otro nombre con el que la gente lo identifica: Barrientos. Y ese nombre alude a la otra gran referencia histórica del lugar: la del Almacén que le diera origen , que por otra parte, es hoy en día, uno de los últimos almacenes de campo del Partido de Lobos, por lo que constituye un diamante en estado bruto de nuestro legado histórico y cultural.
Este típico Almacén de Ramos Generales, tuvo a lo largo de sus casi cien años de vida, varios dueños hasta quedar en manos de los hermanos Romelio y Hernán Hugo Mongiardini. Lamentablemente uno de ellos, Romelio, falleció hace poco tiempo, quedando a cargo del negocio, en la actualidad, Hernán Hugo, a quien los lugareños llaman Purrete.

En un artículo publicado en Infolobos, en el mes de Mayo de 2.005, se describe la rica historia del almacen que le diera el nombre a uno de nuestros queridos pueblos rurales: Barrientos, o si se prefiere Paraje El Arazá.
A continuación reproducimos el artículo publicado por el periódico digital infolobos, bajo el título de : “El último almacén”.

El último almacén
Un testigo del pasado que hoy trata de sobrevivir
Lobos, 10 de Mayo de 2005.
El cronista de Infolobos, en una recorrida por las afuera de la ciudad, en busca de una nota llegó hasta Barrientos, y pudo conocer uno de los últimos almacenes de campo, tentado por la curiosidad que despertaba saber la historia del ya casi extraño lugar, en donde, desde las afueras, se podían apreciar dos antiguos surtidores de combustible en desuso y arruinados por el tiempo, varios carteles de publicidad clavados en las paredes promocionando productos que ya no existen, y amarrado a un palenque, un matungo ensillado, que denotaba mansedumbre mostrándose cansado de esperar a su dueño que estaba en el boliche. Esta fue la razón que hizo que nuestro “notero” se introduzca en la ex pulpería de Barrientos, en el lugar se encontraban dos o tres clientes que eran atendidos con la tranquilidad propia del sitio.
Llegó el turno de entrevistar a nuestros ilustres y sorprendentes personajes, con la amabilidad que caracteriza a la gente del campo, el comentarista de Infolobos fue recibido por los propietarios del almacén de ramos generales, los hermanos Romelio y Hernán Hugo Mongiardini, 71 y 67 años respectivamente.

El cordial relato comenzó con una reseña histórica del tradicional almacén del paraje “El Arazá”, ubicado en el Cuartel 7º del partido de Lobos, en las cercanías del Río salado, que sirviera de frontera contra el indio. Así nos pudimos enterar que el almacén comenzó a funcionar aproximadamente en 1920, su propietario era un tal Echenique, luego éste lo vendió a Francisco Barrientos, que fue su propietario hasta 1932, desde ese año, y hasta 1951 perteneció a O´Gorman , según cuenta Mongiardini, hasta este último dueño el mostrador tenía rejas, por donde se despachaba a los parroquianos, también en esas épocas se solía jugar a las barajas por dinero como así también a la taba y en los días domingos se organizaban carreras cuadreras con los mejores “pingos” de la zona, todo esto transcurrió hasta que en 1951, Don Francisco Maldonado, su nuevo dueño, no permitió más los juegos por dinero, ni ningún otro espectáculo que posibilitara la discusión u otro mal entendido que llevara como en esas épocas a resolver los entredichos con un duelo a cuchillo y en algunos casos con trabucos, Maldonado el 6 de Noviembre de 1956 se desprende del transformado almacén de campo, vendiéndoselo a Don Gabriel Mongiardini, padre de los actuales propietarios, quienes continuaron con la misma política comercial que su antecesor.
“Ahora todo cambió, ya no quedan peones en las estancias, antes, en cada establecimiento había 5 o 6 familias y en algunos casos más, ahora solo quedan taperas (Casas de campo abandonadas), entonces ya es difícil mantenerse acá”.
En su sereno relato Don Romelio recordaba , “hasta la explotación del campo cambió acá, antes esta era una zona de muchos tambos, en este lugar todos los días llegaban de 10 a 12 carros que traían los tarros de leche para entregarlos a los camiones de las fábricas que los esperaban acá, a veces se les hacia de noche, con las pecheras en las cabezas de los caballos”.
Como testigo del pasado, Mongiardini repasaba épocas que no volverán, y mirando hacia un escritorio lleno de papeles decía, “El país cambió, todo es distinto, hasta la gente era más confiable, en esos tiempos nosotros vendíamos con “libreta” (lugar en donde se anotaban las compras que al finalizar el mes pagaban), eso ya no se puede hacer más, ya casi nadie cumple”.
Fue una larga charla con los hermanos Mongiardini, donde no quedó casi nada en el tintero, desde las conocidas luchas contra el indio, pasando por Moreira y otras historias más cercanas que quedaron grabadas en la memoria de los lugareños.

Almacén de campo, mojón popular en el medio de la pampa, refugio de muchas historias y leyendas de hombres y mujeres que hicieron grande nuestro país.

El Almacén de Mongiardini, nacido hace casi un siglo para brindar servicios y esparcimiento a los peones rurales, los avances de la vida moderna le han jugado una mala pasada y hoy apenas sobrevive. No obstante, ha conservado su espíritu y rasgos distintivos, convirtiéndose en reservorio cultural y arquitectónico de los lobenses.
Ojalá algún día, algún funcionario de turno se acuerde de este icono representativo de otros tiempos, y lo declare Monumento Histórico Cultural, para que las generaciones futuras tengan esta ofrenda de un pasado glorioso, donde hombres y mujeres de nuestra tierra forjaron el presente que hoy disfrutamos. Ojalá ese día llegue pronto.

Agradecemos profundamente a los hermanos Mongiardini por abrirnos las puertas y hacernos conocer este trozo de historia.

Fuente: Infolobos, 10 de Mayo de 2.005

    Barrientos

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