El día que la “Barbarie” venció a la “Civilización”

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CaballoSi a cualquier aficionado a la Historia, con medianos conocimientos en la materia, le preguntáramos sobre una batalla que pueda haber sido muy festejada en el seno de las filas oficialistas, en el año 1.867, lo esperable sería que luego de una pausa reflexiva, nuestro interlocutor elija uno entre dos caminos posibles. El primero podría consistir en hacer alguna referencia a las batallas de ese año en la Guerra del Paraguay, que por entonces tenía un desarrollo verdaderamente incierto. El otro sendero convencional consistiría en poner la mirada en el noroeste argentino, y con mayor precisión aún, dirigirla a alguna de las coordenadas geográficas en las que puedan haberse producido enfrentamientos entre las fuerzas regulares del Ejército Nacional, creado tan solo tres años antes de la fecha referida, y las Montoneras Federales conducidas por el destacado Caudillo Catamarqueño Felipe Varela. Pero en la Historia, como en cualquier otra ciencia, no siempre los caminos convencionales nos llevan a las respuestas de nuestros interrogantes. En este caso, lo convencional, lo acostumbrado, lo seguro nos llevan a cualquier lugar, menos hacia donde queremos dirigirnos. Es como cuando nos internamos en algun camino rural, para ir a un campo en el que nos invitaron a comer un cordero, contando con un plano de imprecisas referencias. Es posible que allí el sentido común nos traicione, pudiendo suceder que en una bifurcación, el camino menos prometedor, que por su modesto aspecto hemos desechado, fuera el que nos premiaba con el cordero, y el que mayor confianza nos inspiraba por su fisonomía cercana a la de un “Camino Real” Tolderíanos deje con los estómagos vacíos. Lo mismo puede sucedernos con la Historia si nos guíamos por el protocolo de las convenciones. Cuando tomamos conciencia de ello sentimos que hay un mundo que se derrumba con inusitada fragilidad.
La batalla a la que me refiero se produjo en el Sur del actual Partido de Olavarría y en ella las fuerzas del Ejército, en alianza con el cacique Quentrel, no sólo vencieron a una toldería, sino que además, en una acción de enorme valor simbólico, dieron muerte a Juán Manuel Catriel, uno de los caciques mas importantes de la Historia Argentina, al que el relato oficial apenas le dedica unas pocas líneas cuando no lo sumerge en ese Tártaro de tinieblas que es el olvido. Para la Historia Oficial se trataría apenas de la muerte de un jefe de la barbarie, o peor aún del salvajismo, ejecutada “con toda justicia” por las fuerzas regulares del Estado Nacional. En cambio, para un relato escrito desde el alma de nuestros Pueblos Originarios de la Pampa y la Patagonia, en esa batalla de 1.867, fue abatido el héroe del Cairú. Ese es el nombre con que la toponimia indígena identificaba a la actual Olavarría.
Pero si Catriel fue el héroe del Cairú, no lo fue sólo por haber ofrendado lo más sagrado de un ser, que es la vida, por la libertad de su pueblo, en ese lugar. La Historia y el Destino suelen tener esos juegos poéticos que parecen regidos por una suerte de ley universal de compensación, que en alguna medida restablece el equilibrio. Quedará para la historia que fue el Cacique Pampa Juán Manuel Catriel, quien un 30 de Mayo de 1.855, en el sur del actual Partido de Olavarría, venció en memorable batalla, al por entonces Ministro de Guerra y Marina del Estado de Buenos Aires. Ese funcionario era un militar con rango de Coronel que ya había iniciado una meteórica carrera que lo llevaría a la cumbre del Poder. Nadie lo podría detener. Ni Justo José de Urquiza, el caudillo entrerriano que fuera Presidente de la Confederación Argentina. Ni Indio - tropelAdolfo Alsina, el mas popular de los dirigentes bonaerenses de la segunda mitad del siglo XIX. Ni Francisco Solano Lopez, ni Chacho Peñaloza, ni Felipe Varela. Ni las inocentes maestras que enseñarían su versión de la Historia como única y verdadera, ni los desprevenidos alumnos que nos formaríamos con esa interpretación. Ni las candorosas clases medias, de ayer y de hoy, modeladas intelectualmente por su gráfica Tribuna de Doctrina. Sólo Catriel lo había podido detener. No en el sentido de lo que hicieron, en E.E.U.U. los Pieles Rojas con el General Custer, en la Batalla Little Big Horn, que le quitaron la vida, sino que lo detuvo por un breve lapso de tiempo, para dejarlo ser quien debía ser y quedar como su único vencedor para todos los tiempos.

Autor:  Homero Francisco Medina

Dedicado a su amigo y compañero militante Cristian Chiminelli

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EL DESIERTO INCONQUISTABLE – SIERRA CHICA – 31 de mayo de 1855

Bartolomé Mitre

Durante la época de Rosas, prácticamente se habían terminado los malones, o se reducían a pillajes sin importancia, por los tratos que Juan Manuel de Rosas había hecho con los indios en 1833, entregándole mercaderías, yerba y caballos.( Ver Rosas y la vacuna antivariólica ) Después de Caseros no se mantuvieron los acuerdos, y los indios reanudaron los malones, amenazando Bahía Blanca, 25 de Mayo, etc. Entre los caciques estaba Catriel y Payne, comandados por Calfucurá.

“Juan Manuel es mi amigo. Nunca me ha engañado. Yo y todos mis indios moriremos por él. Si no hubiera sido por Juan Manuel no viviríamos como vivimos en fraternidad con los cristianos y entre ellos. Mientras viva Juan Manuel todos seremos felices y pasaremos una vida tranquila al lado de nuestras esposas e hijos. Todos los que están aquí pueden atestiguar que lo que Juan Manuel nos ha dicho y aconsejado ha salido bien…” Discurso del cacique pampa CATRIEL en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al poder en su segundo gobierno. Extraído del libro “Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833. Recopilado por Adolfo Garretón. Edit. EUDEBA. Bs. As. 1975.(Ver: Rosas y Catriel )

“Nuestro hermano Juan Manuel indio rubio y gigante que vino al desierto pasando a nado el Samborombón y el Salado y que jineteaba y boleaba como los indios y se loncoteaba con los indios y que nos regaló vacas, yeguas, caña y prendas de plata, mientras él fue Cacique General nunca los indios malones invadimos, por la amistad que teníamos por Juan Manuel. Y cuando los cristianos lo echaron y lo desterraron, invadimos todos juntos”. Expresiones del Cacique Catriel, extraídas del libro “Roca y Tejedor” de Julio A. Costa.

Nicasio: “Que él había acompañado en cinco campañas a Juan Manuel y que siempre había de morir por él porque Juan Manuel era su hermano y el padre de todos los pobres” Parte del discurso del Cacique Nicasio en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al gobierno por segunda vez. Extraído del libro “Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833”. Recopilado por ADOLFO GARRETON. Edit. EUDEBA.

El cacique Pincén relata: “…Juan Manuel ser muy bueno pero muy loco; me regalaba potrancas, pero un gringo nos debía tajear el brazo, según él era un gualicho grande contra la viruela y algo de cierto debió de ser porque no hubo mas viruela por entonces…” (J.M.Rosa,Hist.Arg.t.VIII).

¿Quien mejor que Mitre para darle un escarmiento a esos indios ignorantes que andaban maloneando en la campaña de Buenos Aires? ¿acaso no había ido Rosas en 1833 hasta Choele Choel y Neuquén?

En Buenos Aires la juventud liberal lo despide con un banquete,(como corresponde), donde Mitre promete “exterminar a los bárbaros”. Allá va entonces Mitre al frente de más de 900 hombres de infantería, caballería y dos piezas de artillería, pero al llegar a las proximidades de Sierra Chica, se topa con Catriel y Calfucurá al frente de 500 indios, que le aniquilan la infantería, le toman la artillería y le desbandan la caballería. El Tísico y el resto de la tropa que le quedaba, apenas pudo salvar el pellejo trepando a la Sierra Chica, inaccesible para la caballería. Los salvó la policía de Tandil que los socorrió y les abrió una vía de escape. (Se volvieron de a pie) Es curiosa la táctica de Mitre, que sale de Buenos Aires como “caballería” pero regresa como “infantería”.

No obstante esta derrota vergonzosa, Mitre llega a Buenos Aires donde es agasajado por Sarmiento en un banquete, (como corresponde), donde Mitre dice otra de sus frases célebres (como corresponde) “El desierto es inconquistable”

Mitre disimuló públicamente esta derrota vergonzosa, aunque en los partes no pudo disimular, (porque siempre hay algunos testigos batilanas) y el 12 de junio le informa a Obligado: “Para ocultar la vergüenza de nuestra armas (la vergüenza de Mitre será) he debido decir que la fuerza de Calfucurá ascendía a 600, aun cuando toda ella no alcanzase a 500; así como he dicho que la División del Centro no pasaba de 600, aun cuando tuviese más de 900, dos piezas de artillería y 30 infantes el día que tuvo lugar su encuentro en el que Calfucurá debió quedar destruido…He dicho también que por falta de caballos, pero debo declarar a usted confidencialmente que ese día los tenia regulares…Hasta ahora sabíamos que era un buen partido un cristiano contra dos indios, pero he aquí que ha habido quien haya encontrado desventajoso entre dos cristianos contra un indio.” (Scobie. La lucha.p.132 / JMR.t.VI.p.151)

Leyendo cuidadosamente las palabras del parte, y tomadas como de quien vienen, podemos deducir que los indios eran 250, las tropas 1800, la infantería 60 y las piezas de artillería cuatro. Y con jefes como ese, un buen partido era por lo menos cuatro contra uno. Respecto a los caballos, efectivamente ese día los tenia regulares …¡cuando los tenia faltantes era al día siguiente!

Fuente: www.lagazeta.com.ar

Otros artículos relacionados:

La guerra al malón
Sierra Chica – El desierto inconquistable (Mitre)
Los blancos de Villegas
Rosas y Catriel
Rosas y la vacuna antivariólica

Ver más “batallas y combates” en el indice: BATALLAS

Ver más temas en el Indice general

Fuente: www.lagazeta.com.ar

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