Bestiario y la vieja “Farmacia Del Parque”. Primera Parte, por Homero Francisco Medina

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Farmacia del ParqueNo eran todavía las cinco de la mañana, ni había amanecido aún, cuando  tuve que dirigirme a la pieza del fondo. Abrí la puerta, prendí la luz y una combinación de imágenes atrajo mi atención. En el tercer estante la foto de mi abuelo siempre sonriente. Delante de la misma fulguraban sendas texturas: el mármol del  mortero y el vidrio de la retorta, intrínsecamente asociadas a sus respectivas formas, dos objetos muy preciados de mi colección personal de cosas antiguas. Fue una imagen hermosa que quedó grabada en mi retina y que funcionó como la llave de oro del arcón de los recuerdos. A partir de esa imagen desfilaron incesantemente muchas otras y desde ese momento se desarrolló una historia de veinticuatro horas tan inverosímil  que una vez concluida no pude parar de escribir. Dejé que las palabras fluyeran, que mi libre albedrío asociara las ideas, que mente y corazón expresaran lo suyo, para que, luego de alguna pulida, quedara este relato como único testimonio de los increíbles sucesos que me han acontecido.

La primer imagen que trajo mi memoria fue la del laboratorio que Don Homero supo montar en el garage de su casa quinta  (nuestra casa quinta) de Independencia y Ameghino. Se trataba de un espacio de buenas dimensiones en el que, sin embargo, la quimérica nube de sus sueños solo parcialmente era capaz de entrar. Esa nube era un “empíreo” al que se podía ingresar despierto y su deidad era Lavoisier. Esa nube quintaesencial representaba un gran sueño de alquimista: la búsqueda obcecada del elixir de la vida y de la piedra filiosofal.

Rótulo para Despacho de Receta 3Otra imagen que vino con los recuerdos fue la del Catálogo de Rivolín hnos. con decenas de modelos de rótulos para el despacho de recetas. En la parte superior iban los datos fundamentales de la farmacia de la que se tratare, en la parte inferior leyendas tales como: exactitud, bebidas, gotas, uso indicado,etc. y el resto de la etiqueta repartido entre los renglones para completar y las típicas imágenes de la iconografía de la actividad farmacéutica, la fuente de Higía o la vara de Esculapio, ambos con la serpiente enroscada o las repetidas imágenes del mortero, símbolo de la medicón exacta, y la retorta más relacionada con las preparaciones líquidas.

Las imágenes siguieron fluyendo sin solución de continuidad pero solo habré de referirme a una más de ellas. Fue la de aquel enorme y bello modular de tres cuerpos que era la principal decoración de la vieja  “Farmacia Del Parque”, que funcionara en la mencionada propiedad entre los años 1.975 y 1.981, uno de los períodos más difíciles de la historia familiar, como lo fuera para el país en general.

Rótulo para Despacho de Receta 2Las tres puertas estaban decoradas con la tradicional simbología farmacéutica. Los motivos eran: la vara con la serpiente enroscada, el mortero y la retorta junto a una medida con el detalle de las líneas de graduación. Las tres decoraciones fueron realizadas en chapa de bronce por el artista Juan Carlos González del Teatro General San Martín. Este artista, que ya no está entre nosotros,  fue compañero de mi padre, Virgilio César (Caro) Medina, en la realización escenográfica del citado teatro municipal de la ciudad de Buenos Aires.

Estos recuerdos de la infancia y la frescura de la brisa mañanera  provocaron en mi un estado de ánimo dual, entre feliz y nostálgico, predominando lo primero sobre lo segundo. Era un día para los proyectos y los sueños de vigilia, que sin dudas son los mejores sueños porque uno los puede gobernar. Si surgía algún problema se buscaría su solución. Así por ejemplo la melancolía de estos recuerdos debían transformarse en una acción proactiva. Así fue como se me dio en pensar que esas  piezas junto a muchas otras reliquias propias de un Museo de Farmacia, que pertenecían a mi abuelo, como las autoclaves que de niño me llamaban tanto la atención, su balanza de precisión, sus balones, sus hermosos frascos, su mechero de bunsen, etc. deberían estar exhibidas en algunos de los centros histórico- culturales de nuestra ciudad de Lobos. ¿Y por qué no crear en la propia quinta, donde funcionara aquella farmacia, un centro con esas características? Estos buenos pensamientos ocuparon gran parte del día. Era la ventaja de estar soñando despierto ya que en ese trance no puede haber lugar para las pesadillas. No sabía que esa noche…,ni tampoco que al otro día…, pero… ¿Para qué ser tan literales cuando tantos dramaturgos, narradores, poetas y ensayistas nos han enseñado a hablar con metonimias, metáforas, hipérboles y tantos otros recursos del lenguaje? ¿Para qué contarlo tan racionalmente si la alegoría de un sueño, de varios sueños, o varios sueños en uno, pueden hacerlo mucho mejor?

Continuará

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