Bestiario y la vieja “Farmacia Del Parque”. Cuarta Parte, por Homero Francisco Medina

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Farmacia del ParqueLa primera hora de la entrevista fue un regocijo para el alma. A las excelentes preguntas de Soler Serrano, que solían incluir breves introducciones  sobre la vida y la obra del autor, les sucedían las lúcidas respuestas de este último, que, a mas de sabias y perspicaces, poseían el imán de que siempre estaban en el límite entre lo real y lo fantástico. Ese era su lugar en el mundo. Cortazar era un escritor cuya vida transcurría en la frontera que separa la realidad tangible de la vida terrena del misterioso mundo de lo imaginario. Pero en ese paso, desde la zona de transición hacia cualquiera de los dos mundos, no debe ser tan sencillo saber hacia donde uno se dirige, pues es tan cierto que la realidad suele estar plagada de sucesos sobrenaturales como que todo lo  metafísico, abordado desde nuestras percepciones, está influido por aquella. Ese es el principal atractivo de la obra de Cortazar, la exploración  del mundo desde esas zonas fronterizas entre lo real y lo fantástico, tratando de hallar las claves de las mutuas interacciones. No para teorizar sobre ellas, sino para utilizarlas como instrumentos de su poder creativo y transformador. Sabiéndose poseedor de esta mágica fuerza transcurría la mayor parte del tiempo en el campo de lo imaginario,  invitando a sus lectores a vivir una experiencia similar.  Por eso lo admiramos tanto, lo queremos y lo tomamos como un entrañable y sensible “cronopio”.Salvo que, de modo imprevisto intercedan los sueños para lograr el efecto contrario, mostrándonos el espejo invertido de su alma, el reverso de su auténtico ser.

Soler Serrano y Cortazar Cuando tuve lista mi segunda tanda de mates ya eran las 4: 53 a.m.. Lo recuerdo porque era la tercera vez consecutiva que miraba el reloj a esa hora de la madrugada. La lógica indicaba entonces que habían transcurrido dos días desde que todo había comenzado. Pero también es verosímil que solo hayan transcurrido unas pocas horas de sueño y nada más. No lo supe entonces y sigo sin saberlo aún. Desde ese momento todo comenzó a cambiar. La entrevista entró en una zona de irrealidad, fomentada por el propio entrevistado, pero aún en esas condiciones seguía  cautivando mi interés. Yo recordaba, que en la original, no le dedicaba tanto tiempo a su obra Bestiaro, publicada en 1.949. Otro dato que me llamó la atención fue lo insistentes que estuvieron ambos con el primero de sus ocho relatos. El autor tomaba el libro y le leía a su entrevistador algunos de los pasajes de ese cuento. Soler Serrano lo miraba fascinado, era el suave e irrefrenable encantamiento de la serpiente. Yo también me sentía hipnotizado. Era norma, en este ciclo de entrevistas del programa “A fondo”, que conducía Soler Serrano, desplegar, en la mesa del decorado, varios de los libros publicados por el entrevistado. En este caso  podían verse entre otros ejemplares: uno del “Libro de Manuel”, otro de “Los premios”, y así podría continuar con “Bestiario”, “Modelo para armar”, “Los reyes”, entre otros. Nada de eso me podía sorprender. Pero hubo algo que me dejó perplejo. Entre ellos aparecían mis versiones de la “Eneida” y “El Joaquín”.Eneida Esto ya era demasiado.

Quise tomar el control para apagar el televisor, pero me lo impidió una vez más ese ofídico poder hipnótico del entrevistado al que, paradójicamente y luego de lo visto, seguía escuchando con atención. Me acerqué unos metros al televisor con la sensación de que me dirigía hacia su veneno o hacia sus fauces, sin que me importaran demasiado las consecuencias.“-Han tomado esta parte- dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo”. Me conmovió cuando le leyó este fragmento del primer relato de Bestiario. No sólo porque estaba arribando al desenlace de su trama, sino porque siempre me impresionaba esa escena al leerlo. Los protagonistas iban siendo desplazados  de su propia casa sin que opusieran resistencia.  Además nos da pavor tener en nuestras manos algo que se prolonga hacia lo desconocido. Ambas imágenes eran muy potentes.  Luego le leyó algo que me dejaría atónito. “Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el modular de tres cuerpos de mi dormitorio. Ya era tarde ahora. ”. Seguidamente le comenta al periodista que tenía muy presentes, hasta en sus últimos detalles, las decoraciones hechas en chapa de bronce de ese modular. Cuando comenzó a describirlas diciendo que se trataba de diferentes emblemas de la actividad farmacéutica, no pude soportarlo mas. ¡Impostor! ¡farsante! ¡estas mintiendo! Le grité con enorme impotencia, conciente de que no podía escucharme. Me conozco de memoria ese final y no habla de ningún modular con decoraciones de bronce sino de un simple armario. Sigo increpándolo pero todo era en vano, jamás llegaban a sus oídos esos inútiles reproches. De repente se corta la luz. Transcurridos algunos segundos intentó volver, pero nuevamente se cortó. Luego de algunas intermitencias de sucesivos cortes y retornos, volvió definitivamente, pero al instante se quemaron una por una las lámparas del comedor. Sorpresivamente se encendieron otras hasta entonces inexistentes.

El ambiente lucía extraño. Pensé que debía esperar a que la vista se adaptara, pero el problema era otro: mis ojos veían todo en blanco y negro. El  comedor, aunque mantenía intactos su aspecto y decoración, era ahora un estudio televisivo. Así, compulsivamente, sin que nadie me preguntara si quería estar ahí, me convertí en el testigo mas cercano de la distorsionada entrevista  El escritor, o mejor dicho, una de las peores versiones de su otra faz, me estaba invadiendo en la intimidad de mi hogar. Soler Serrano y todos los presentes en ese comedor-estudio eran sus cómplices. Ese no  era el auténtico Cortazar, sino un verdadero demonio que se alimentaba de mis propios temores. Así, cuando al leer, alteraba sus propios textos insertando objetos que eran muy caros a mis sentimientos, y que yo desde antes ya vislumbraba en serio peligro, lo hacía para debilitarme e ir alimentándose de los jirones de mi desdichada alma. Así como el modular de tres cuerpos, nombró elementos del laboratorio de mi abuelo leyendo fragmentos de “El Joaquín”, a veces de un modo exacto y otraBestiario, Julio Cortazar 3s de un modo distorsionado. Le reproché esa falta de rigor. Él interpretaba que mi padre, al describir en ese cuento, el laboratorio de la Fármacia Roldán, se había inspirado en el  laboratorio de la Farmacia Del Parque y no en la Antigua Farmacia Medina de Buenos Aires 401. Yo les gritaba desesperadamente, pero ellos me ignoraban.  Al finalizar el cuento, mientras el entrevistador-cómplice lo escuchaba con delectación, provocó que la situación no diera para más:”No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa quinta tomada”. No podía ser más grosera su falta a la verdad. No podía terminar así un cuento cuyo título es el de “Casa tomada” y no el de “Casa quinta tomada”. Una vez mas se estaba inmiscuyendo en mis asuntos. Me levanté y, cuando hacia él me dirigía, por primera vez, y luego de haberme ignorado todo el tiempo, tuvo en cuenta mi presencia, se incorporó, giró su cabeza y quedamos cara a cara. Su rostro, lejos de ser el del sensible y querido “cronopio” de siempre, era el de un horrible ” fama” cuyo único propósito era destruirme. Así fue como,  sin que mediara palabra ni me tocara, de él emanó una fuerza, que como un terrible viento me tiró al suelo. Cuando quise incorporarme desperté  en mi cama sobresaltado. Con total desasosiego me levanté y me dirigí a la cocina para ver la hora.  Eran cerca de las nueve de la mañana. Todo había vuelto a la calma después de esa terrible pesadilla. En medio de ese proceso en el que se van morijerando los efectos de la conmoción decidí inspeccionar la casa. Los dormitorios, el comedor, la pieza del fondo, todo había retornado a la normalidad. Comprendí que no era esta casa, de la calle Libertad, la que estaba en peligro. Era la casa quinta de Independencia y Ameghino,  aquella en la que funcionara la vieja Farmacia Del Parque, aquella en la que pasé buena parte de mi infancia, aquella que fuera la quinta de los sueños y en la que están esparcidas las cenizas de mi abuelo, el recordado farmacéutico de Lobos Homero Virgilio Medina. Todas las antigüedades que allí había, la propia vivienda, y mis proyectos de centro cultural estaban en serio riesgo. Ahora lo comprendía todo, en este increíble periplo de sobrenaturales visiones yo había recibido muchas señales, el cambio en la foto de mi abuelo primero y la  misteriosa transformación del escritor después me estaban alertando sobre ese peligro. Cortazar volvía a ser el mismo “cronopio” de siempre, que por medio de la alegoría de un sueño, me estaba dando el aviso y, si no lo había hecho por su cuenta, alguna fuerza del trasmundo lo había inducido a hacerlo. Mas tarde cuando mi padre me llamó, lo hizo para avisarme aquello que yo sabía y no quería escuchar.

A lo largo de mi vida varias casas de mi familia fueron también mi casa. Siempre hay una “casa tomada”. La historia empieza como drama y se repite como farsa, es decir, un fenómeno que aunque quiera reeditarse, no  será más que su opaca, disminuida y grotesca reiteración. Primero fue aquél nefasto miércoles 24 de marzo de 1.976, luego el allanamiento verde oliva en la casa de la calle Castelli. El hecho actual de la casa quinta tomada es una simple farsa. Pero es tiempo de ponerle fin, para que en esta historia circular regida  por la ley del eterno retorno, el triste remedo no mute en un sentido cercano al original. Unos dioses del destino imperfectos, unos simples hados de pago chico, tienen en sus manos la posibilidad de evitar que la farsa pretenda convertirse en otras indeseadas expresiones, mas cercanas al drama, y el poder de hacer cesar esta pesadilla de vigilia. Pero ha mediado cierto tiempo entre aquellas vivencias y este momento en que las llevo a las letras. Por eso, y aunque el dolor no cesará hasta el momento en que todos estos daños sean reparados, es que me atrevo a decir que: ¡basta ya de tantas pesadillas que nos atormentan y nos vuelven muy torpes en nuestro accionar!.

 

Apoteosis del autor

Pegaso¡Aferrémonos ahora a los mejores sueños que, como lo he dicho antes, son los quiméricos sueños de vigilia!. Lo sucedido es apenas un capítulo del poema épico de mi vida. En mis descensos al infierno no todo ha sido sufrimiento, también he acumulado experiencia. Ocurre que los padecimientos, aún cuando sean grandes, no necesariamente anulan nuestra capacidad de aprender. ¡Aquí estoy entonces pese a todo!. Erguido y altivo, conformando esta singular figura ecuestre, montado al tordillo-pegaso de mi tío Jorge, sobre el recado de mi tío Oscar, con ese jirón de mi infancia que es el facón del abuelo Pancho, con la pócima del abuelo Homero, la pluma de Virgilio y el dominio de la didáctica de mi madre, que también equivale a decir: el dominio de la palabra. ¡Así, convertido en mitológico ser, habiendo ya reunido mis mas preciados “penates criollos” y habiéndome procurado las vituallas necesarias, levantando con la diestra la daga-espada de Moreira, me despido por ahora,  emprendo este viaje y me voy, con el grupo del hijo de Venus y Anquises, a librar las legendarias batallas por la Conquista del Lacio, entendidas como metáfora de lo que en rigor es: una enorme Epopeya Libertaria!. Hablo de una Venus rioplatense, de un Anquises entre indio y gaucho y de un Lacio bien americano. En mi carrera ascensional desde el fuego y el hielo del orco abismo, hasta mis pasos fugaces por el cerro del Purgatorio y los primeros círculos del celeste Empíreo he purificado y sublimado mi alma, pero también me he preparado para futuras batallas. Todo se integra, hasta incluso mi épico espíritu, en este modo de expansión de la conciencia en que se resume mi tránsito por el misticismo. En ese tránsito de éxtasis espiritual elaboré la singular fusión de dos espíritus: el del héroe clásico y el del santo estoico. ¡Soy un emblema familiar! ¡Estoy preparado para todo!. Como el ave Fénix puedo consumirme en mi propio fuego de amor y pasión para luego renacer de mis propias cenizas. Cuando vuelvo al místico estado siento que los amo a todos… ¡solo como Daniela sabe amarnos!.La casa de mi familia es LA CASA DE MI FAMILIA.  Mi casa y mi familia son mi casa y mi familia…pero también mi pago chico, mi país, mi latino continente. Hay casas y familias de distintas escalas que han corrido idénticos trances y aves carroñeras revoloteando a su alrededor. Sus destinos se hallan entrelazados como el de las mamushkas interiores al de la matrioska mayor. Es hora de liberarlas y cuidarlas como la propia, porque son la propia.  Soy un Héctor o un Eneas de las pampas, un temible Cangapol, que viene de “tierra adentro” y de sur a norte cabalga sin olvidar por ello su verdadero rumbo. Por eso, nuestro sureño cacique, de atávica sabiduría, sabe mejor que nadie cual es el NORTE de su vida y no tiene un ápice de dudas al respecto. Su norte, su auténtico norte, es en verdad el SUR. ¡El más grande de mis sueños es un sueño de JUSTICIA!. ¡Debo dar comienzo a esta nueva Historia de Epopeya, que habrá de quedar en la memoria a través de los relatos de la Eneida Criolla!. ¡He aprendido de estos númenes de espíritu indoblegable, que si no es factible ganarle la guerra a la muerte, sí en cambio, es posible, vencerla… en más de una batalla!.

  Autor: Homero Francisco Medina

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