Al filo de la ciencia. Segunda parte. Por Fernando Rusquellas

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CINCO: CHUPETEANDO DEL FRUTO PROHIBIDO

Gracias a los repetidos juegos de Alea sobre los seres vivos, sus mecanismos de elaboración de estímulos se volvieron día a día más y más complejos.

Acostumbrados a la contemplación pasiva, en silencio, se dedicaron a observar cuidadosamente, se plantearon preguntas y sin más ayuda que sus propios y aceitados mecanismos de la razón elaboraron respuestas.

Buscaban la verdad. La verdad única y absoluta.

Pensaron que los fenómenos físicos cuyos estímulos llegaban a sus sentidos, era tan solo un reflejo de algo permanente, inmutable e inalcanzable que se hallaba mas halla de la física; la concordancia de unos y otros sería la verdad. Tanto discutieron que cosa era la verdad y arribaron a tan variadas conclusiones que nunca llegaron a saberlo.

A diferencia de sus antecesores no pretendieron modificar  nada.

Su búsqueda estaba libre de toda intención práctica, buscaron por el solo amor al conocimiento, hicieron filosofía.

Construyeron modelos explicativos de enorme profundidad y exquisitez. Estudiaron las relaciones numéricas abstractas y las formas geométricas, los astros y los planetas, las plantas y los animales, el espíritu y la materia, la física y la metafísica…

Los modelos filosóficos se fosilizaron con el tiempo y convertidos en mitos racionales orientaron el conocimiento posterior potenciándolo a veces pero retrasándolo seriamente otras.

Paso mucho tiempo sin que el pensamiento volviera a mostrarse fecundo e imaginativo.

Un día llego en que renació el interés por el conocimiento.

Nuevos pensadores revisaron un día aquellos modelos y repitieron y multiplicaron las observaciones de los hechos físicos y al relacionarlas entre si descubrieron la posibilidad de predecir nuevos hechos: formularon hipótesis “si en este caso y en el otro las cosas se dieron así, entonces en aquel caso también sucederá lo mismo”, se dijeron. Fue un resonante éxito (a veces). Cuando fallaban recibían las criticas de todo el mundo, así que el paso siguiente consistió en demostrar a los incrédulos que la hipótesis inventada era valida y crearon artificialmente las condiciones para repetir la experiencia cuantas veces fuera necesario, las hipótesis fueron así confirmadas o rechazadas.

Vieron que la experimentación era buena.

Solo le faltaba generalizar lo que aprendieron para llamarse científicos (si en todos los casos sometidos a experimentación las cosas sucedían de tal manera podrían afirmar que “siempre que se cumplan esas condiciones las cosas sucederán de esa manera”).

Será una predicción más valida que la hipótesis, habrá sido demostrada por muchas experiencias, será una teoría. Si la teoría fuera valida en todas las ocasiones podrá arriesgarse que se trata de una ley universal.

No pudieron comer de fruto prohibido del árbol de la sabiduría, mas gustaron su sabia, a veces dulce, a veces amarga, pero siempre alimenticia y reconfortante.

Habían descubierto el método científico: observación – planteo de un problema – imaginación de una hipótesis – experimentación – enunciación de una teoría.

La Ciencia, hija legítima de la Filosofía, resulto un instrumento idóneo no solo para explicar la naturaleza sino para modificarla en provecho de la sociedad: la Ciencia Aplicada y la Tecnología.

La cantidad de conocimiento desbordó la capacidad de los científicos y debieron repartirse el trabajo: unos estudiarían las fuerzas físicas, otros la constitución de la materia, otros el fenómeno vital…pero los conocimiento seguían multiplicándose y nuevas especializaciones vinieron a enriquecer con sus aportes el enorme bagaje de conocimientos.

SEIS: LA CIENCIA MIRANDOSE EL OMBLIGO

Tanto se fraccionó la actividad científica que nadie sabía de los conocimientos adquiridos por los demás.

Absortos por el torbellino de la investigación los científicos se tornaron en técnicos y los que lograban salvarse poseían solamente una pieza del gran rompecabezas.

La vieja FILOSOFÍA fosilizada, no aportaba nuevas nociones imaginativas.

La Sabiduría estaba nuevamente en peligro.

Después de un largo periplo lleno de aventuras y conquistas, abarrotada de tesoros incalculables, la Ciencia regresó triunfante a la casa materna aunque experimentando una seria crisis de identidad.

Rejuvenecida con los nuevos aportes, mamá Filosofía recuperó su antigua lozanía y comenzó a revisar y elaborar activamente el material recientemente recibido.

Uno de los secretos para el descomunal desarrollo de la Ciencia consistió en haber dejado de lado la búsqueda de La Verdad como una entidad única y permanente. La Ciencia, rompiendo con la tradición familiar, había tomado por verdades provisorias a las teorías sobre las que iría construyendo todo su edificio.

Las teorías científicas se habían transformado en modernos mitos explicativos del origen y naturaleza de las cosas. La Verdad abandonaba así el conflictivo reino de lo absoluto y podría ser desplazada y reemplazada por otra cada vez que surgiera una nueva teoría mas apropiada.

“El zorro pierde el pelo pero no las mañas” y con su larga experiencia de dar vueltas las cosas sobre si mismas para volver a mirarlas, la Filosofía entendió que estas verdades provisorias de la ciencia, eran entidades subjetivas que se acercan asintóticamente (acercándose siempre pero sin alcanzarlo nunca) al mundo real, desconocido e incognoscible.

Las viejas son incorregibles, por darle el negro de la uña se tomo hasta el codo. Si nada menos que La Verdad es subjetiva, también serán subjetivas las relaciones entre las cosas que llevaron a los científicos a encontrar esa Verdad. No solo las relaciones entre las cosas, la cosa en si resultó ser subjetiva al no ser más que un reflejo de la realidad inducido por los estímulos.

El mundo de los fenómenos físicos seguía bajo el dominio de la Ciencia pero la realidad incognoscible pertenecía definitivamente a la Metafísica.

La Ciencia que siempre se había jactado de tener los pies sobre la tierra y trabajar solamente con hechos concretos, encontró que su crisis de identidad había engordado sensiblemente. Sentía como si hubiera perdido su firmeza y estabilidad y abandonando su posición de rebeldía juvenil acepto un consuelo Epistemológico.

La Ciencia, acostumbrada a pensar en todo lo demás se vio compelida a pensarse a si misma. Noto que en cierto sentido comenzaba a parecerse a su madre Filosofía.

Sin embargo a pesar de su desilusión había un ámbito que nadie podría quitarle: la tecnología donde era evidente que la Ciencia tenía poder casi absoluto para modificar a su antojo la realidad misma, sin que a nadie le importara si se calificaba de física o metafísica ni de si la trataban de objetiva o subjetiva. Si alguien no lo cree así, que tome un avión, que trate sus heridas con un desinfectante, que se vista con fibras sintéticas, o que siembre semillas genéticas mejoradas ¡O no!

Pero cuando alguien es metido… mamá Filosofía tuvo algo que decir: que la Ciencia y la Tecnología no tenían derecho a modificar la Naturaleza tan despiadadamente que dañarían irresponsablemente al medio ambiente, que las modificaciones genéticas artificiales echarían por tierra el maravilloso equilibrio que tanto tiempo y esmero habían costado al Creador y a su Secretaria Alea, que desobedecían en fin los pactos de convivencia planteados por la Ética.

La Ciencia, ya madura, comprendió que la vuelta a casa y reencontrarse con sus orígenes le imponía nuevas y mayores responsabilidades.

Había dejado de ser independiente.

Debería atenerse a las normas Éticas, proteger el orden natural, no producir cambios irreversibles que comprometan la continuidad de la vida. Al fin de cuentas la razón primera de su existencia había sido nada menos que producir respuestas más eficientes a los estímulos del medio y generar cambios que mejoraran las condiciones para la vida.

El compromiso había sido asegurar la felicidad de los seres vivos, de todos los seres vivos…

Autor: Fernando Rusquellas

 

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