Iglesia Nuestra Señora del Carmen, orgullo de todos los lobenses. Por Homero Francisco Medina

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Iglesia Nuestra Señora del Carmen en LobosUbicada en la intersección de las calles Salgado y Presbítero Albertini, la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, constituye un emblema arquitectónico de la Argentina “Granero del Mundo” de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Como se verá más adelante fue el fruto del esfuerzo de toda una comunidad, pero en alguna medida también fue una de las tantas exteriorizaciones de las enormes ventajas económicas comparativas que presentaba la Argentina de entonces en materia de producción agropecuaria, y particularmente de la históricamente relevante renta agraria diferencial,  concepto estructurante dentro del marco categorial utilizado por autores como Norberto Galasso. Erigido en el mismo sitio en el que José Salgado hiciera construir la pequeña Capilla “San Salvador de los Lobos” en 1.803, y en el que luego funcionara la primera iglesia de material, de estilo pregótico, que habiéndose edificado en 1.858 (ver imagen) hacía poco tiempo se había demolido, nuestro actual Templo Parroquial, comenzó a construirse en el año 1.898. Por otra parte, este último, aunque fue inaugurado el 19 de marzo de 1906 por el Obispo de La Plata Monseñor Terrero, recién fue concluido en 1912 (ver imagen). La Iglesia tiene 49 metros de largo, 19 metros de ancho, cuenta con una capacidad para albergar hasta 2.000 personas  y con una torre de unos 37 metros de altura. Su indiscutible estilo neogótico, que puede apreciarse en toda su estructura y decoración, le dan al centro de la ciudad de Lobos, la bella posibilidad de que, en medio de la modernidad, expresada en las vidrieras comerciales y las luces de neón, en sus calles atestadas de automóviles del siglo XXI, en los celulares de los transeúntes y hasta en los megapíxeles de las cámaras digitales, con las que los turistas le sacan una foto, se alza la magnificencia de nuestro Templo para recordarnos a todos, entre muchas otras cosas, que alguna vez en la historia existió una Edad Media. Así lo demuestra su planta de Iglesia Nuestra Señora del Carmen en Lobos (Vista Interior)cruz latina, similar a la de todos los templos medievales europeos, dividida en tres naves, una central, que termina en un espacio semicircular o capilla principal y dos laterales, que finalizan en el transepto o nave transversal, así  las bóvedas de crucería, así sus arcos apuntados u ojivales, así sus rosetones y su torre decorada con agujas y que termina en aguja. ¿Y qué decir acaso de la belleza de sus vitrales?. El altar mayor originalmente era de madera y formaba parte de un conjunto de piezas constituidas por idéntico material: el púlpito y otros tres altares. Nuestro Templo poseé incluso elementos que el gótico heredó del movimiento estético anterior, llamado románico, tal es el caso de la girola o corredor semicircular que pasa por detrás del altar mayor. Es esa, otra clara manifestación de la herencia medieval subyacente en la arquitectura de iglesias como la nuestra. Cierto es que hubo adaptaciones, ya que para nosotros, ese es  un sitio mas bien reservado para el sacerdote y sus ayudantes, pero en el medievo europeo era un lugar por el que circulaban los fieles para venerar las reliquias que el templo atesoraba, sin interrumpir la ceremonia religiosa. El presente altar mayor, de nuestro Templo Parroquial, es de mármol de carrara y se destaca, más allá de su sacro sentido espiritual, por su elevado valor estético, lo que lo convierte en una pieza arquitectónica de singular belleza. Este último, según la investigación del Dr Guillermo Mastropietro, fue construido por idea del Padre José Albertini, que sabiendo que  la obra sólo sería posible si se contaba con un buen fondo de financiamiento, organizó una colecta popular con donaciones que podían oscilar entre un mínimo de contribución de un peso y un máxmo de cien pesos. Este altar mayor, que fue construido por el artista italiano Juan Mellina, que residía en 25 de Mayo, presenta no sólo el atractivo de estar hecho con el refinadísimo mármol de carrara, que ya he mencionado sino que se encuentra matizado con onix, piedra que se trajo de la provincia de San Luis y cuenta además con capiteles de bronce adornados con oro de 24 kilates. En este Templo descansan los restos de José Salgado, fundador de Lobos, de su esposa Doña Pascuala Rivas, del Coronel Domingo Soriano Arévalo, soldado de la Independencia y de los curas párrocos Enrique Ferroni, José Albertini y Emilio Larumbe. Otra curiosidad de la historia de nuestro templo parroquial la constituye el hecho de que en el proyecto original estaba prevista la construcción de dos torres pero hubo una de ellas que jamás se construyó (Ver imagen). La misma debería estar ubicada entre la iglesia y el edificio de la Municipalidad. Cualquier observador actual, que mire la fachada de nuestro templo parroquial desde la Plaza 1.810, por ejemplo, podría contradecirme argumentando que no hay espacio físico como para construir una torre similar a la única existente. Vitrales de la entrada principalEso es cierto. Rigurosamente cierto. Sin embargo lo que puede ser  cierto para el paisaje urbano actual no tiene porque haberlo sido a lo largo de toda nuestra historia. Ocurre que el antiguo edificio municipal no se acercaba tanto a la iglesia como el nuevo. En efecto cualquier foto histórica, anterior al año 1.942 (el actual edificio municipal comenzó a construirse ese año) que nos muestre los respectivos frentes de la vieja Municipalidad y de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, nos permitirá observar que había una considerable distancia entre ambos edificios. Esto obedecía a la existencia de un terreno de reserva para la torre, que luego sería cedido por la Parroquia al Municipio, a partir del acuerdo firmado entre el párroco local José Albertini y el Intendente Municipal Arturo Cardoner. Conocer esta historia de “la torre fallida” le incorpora un nuevo atractivo a la descripción física de nuestro Templo Parroquial, que es el de la ruptura de la simetría de la fachada con respecto al plano original. No dispongo de fuentes documentales que nos puedan explicar el motivo, pero no parece descabellada la idea de que pueda haber sucedido por falta de presupuesto. Lo cierto es que, lo que en aquel entonces, puede haber sido un fuerte dolor de cabeza para quienes llevaban a cabo el proyecto, hoy, visto desde nuestra perspectiva, es un interesante dato de color que nos permite apreciar lo bella que pudo tornarse aquella falta de simetría.

Anteriormente hablé de la magnificencia, no en el sentido de monumentalidad o porque sea una obra de grandes dimensiones sino más bien por cierta suntuosidad y lujo que lo caracterizan, pero más aún por la elevada concepción artística con que fue decorado. Es posible que si comparamos sus dimensiones con las imponentes catedrales góticas europeas, como las de Chartres y Notre-Dame, en Francia, la de Wells, en Inglaterra, la de Milán, de la Italia de fines del siglo XIV, e Iglesia Nuestra Señora del Carmen en Lobos (Vista Interior)-2incluso con la de las excelsas obras arquitectónicas de la Catedral de La Plata y la Basílica de Luján, podamos llegar a conclusiones equivocadas. Hay un principio de la dialéctica hegeliana que jamás podremos soslayar: los fenómenos nunca deben ser abordados desde el marco de la pura abstracción, sino inmersos en el particular contexto en que pudieron desarrollarse. Así entonces, perfectamente inserta en su circunstancia de tiempo y espacio, que por otra parte es única e intransferible, debemos enfocar la historia de nuestro templo local. La circunstancia de que en el centro norte del interior bonaerense,  la comunidad del entonces Pueblo de Lobos de fines del siglo XIX, se mostrara decidida a realizar la ciclópea empresa de construir una Iglesia que estuviera a la altura de sus potencialidades de futuro; ubicada entonces la experiencia histórica en su justo lugar, en el marco de referencia de su verdadero entorno y de sus reales posibilidades, sólo de ese modo podremos arribar a la conclusión que mejor se ajusta a la realidad:  la valoración de que nos encontramos frente a una notable obra arquitectónica que acompaña muy bien al noble sentido religioso, pero que transita su propio andarivel para ser reconocida como una verdadera obra de arte que hoy es orgullo de todos los lobenses.

Autor: Homero Francisco Medina

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