Proyecto económico de Homero Virgilio Medina. Año 1.986. Primera Parte

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Portada del Proyecto Económico de Homero Virgilio Medina Enviado por correspondencia al Presidente Raúl Ricardo Alfonsín. Su secretaria Margarita Ronco acusó recibo, pero luego no se supo más nada de él. Los hechos demuestran que no fue tenido en cuenta.

 

El programa económico anunciado en su oportunidad por el Presidente de la Nación, así como la reforma monetaria y drásticas medidas de privatización que en principio inspiraron confianza y frenó a tiempo la inflación que comenzaba a dar muestras de convertirse en hiperinflación, hace tiempo ya está dando resultados negativos.

El compromiso asumido por el gobierno de “no emitir más” en absoluto, para financiar el sector público reduciendo el gasto público y su amplio programa de privatización totalmente inconsulto ha dado muestras de un notorio fracaso.

Particularizando en la moneda se considera que una reforma monetaria no consiste solamente en sustituir la moneda existente por otra de nueva denominación aún haciendo ajustes en el volumen presupuestario y estableciendo un rígido control de las magnitudes monetarias.

Se ha sugerido que la reforma monetaria debe ser acompañada de un plan global erradicando los focos causantes del desequilibrio económico, es decir los focos reales de la presión inflacionaria, siendo uno de los principales el desequilibrio causado por la deuda externa, amén de otros como las corruptelas económicas, el Estado empresario ,etc,etc.

Conocidos los efectos negativos de la presión tributaria y tasas de interés elevadas y dadas las condiciones que mantienen la recesión e impiden un vigoroso crecimiento económico y tecnológico intensivo se hace visible la apremiante necesidad de un análisis sistemático de las disposiciones institucionales existentes en política monetaria debido a la gran demanda de dinero que al no ser satisfecha provocó la parálisis económica generalizada en todo el país. El dinero es un intermediario para facilitar los intercambios de bienes y servicios y sin el dinero esos intercambios son muy difíciles provocando cortes muy profundos en los recursos del trabajo, atentado criminal que alimenta las acciones delictivas, desmoraliza e inmoviliza al pueblo, pervirtiéndolo en gran parte.

El gobierno ha convocado en distintas oportunidades a los argentinos para sacar el país adelante y es de creer que un buen número de ciudadanos nos sentimos convocados; pero una cosa es sentirnos convocados en nuestra preocupación por la grave situación económica causada por la escaséz de trabajo y otra cosa es sentirnos convocados, para el esfuerzo , austeridad y sacrificio, aún el de comprometer nuestros bienes para lograr superarla.

Hemos llegado al tiempo crítico en que debemos sacrficarnos y aportar algo positivo al país, ya sea en esfuerzos para crear trabajo o poniendo en juego nuestros bienes, o parte de ellos, y los que poseemos una parcela de tierra chica o inmensa debemos ofrecer una parte de ella en garantía para respaldar nuestra unidad de cambio: el peso, alentando una política expansionista bien controlada.

Las esperanzas del gobierno habían radicado en la creencia del apoyo del pueblo para soportar una tremenda crisis que era previsible y hábilmente disimulada prometiendo aumentar y asegurar la productividad confiando en la responsabilidad, solidaridad que luego destruye y la participación a través del esfuerzo, lamentablemente sin poder aplicarlo por la falta de trabajo, y también de diálogos fluidos y sinceros teniendo como mira el interés de la nación por vías del sacrificio y la austeridad.

Si bien la ciudadanía soporta abnegadamente las imposiciones del gobierno se da perfectamente cuenta que hemos llegado a límites de paralización insoportables, situación que habilmente enmascaran posturas demagógicas, los mezquinos intereses del sector empresarial y de aquellos que tendiendo una emboscada continúan saboteando la democracia social disimulando y minimizando los errores del gobierno que nos arrastran hacia el caos.

Sacrificio y austeridad son condiciones inherentes al hombre y al ciudadano de nuestro tiempo que necesita de modelos incorruptos para poder modelarse y desechar la adquisición de malos hábitos.

Si los animales de hábitos societarios, basan la seguridad de su existencia en normas biológicas inalterables, ellas están íntimamente relacionadas a elementales principios económicos, donde se destacan la división del trabajo y su realización traducidos en producción. El hormiguero y la colmena son ejemplos  y constituyen los valores inalterables donde radica el éxito de su actividad, su desarrollo y supervivencia. Esos hábitos societarios elementalmente económicos son instintivos.

En el hombre no sucede lo mismo; se producen cambios acelerados de los hábitos y muchas veces antieconómicos y antisociales.

Sabemos que una de las causas de la crisis es la adquisición generalizada de hábitos antieconómicos. En nuestra época : hábitos de consumo (drogas) y de ociosidad (desempleo) con olvido de los hábitos de producción (paralizada) y trabajo (que escasea); hábitos de juego y corrupción con descuido de los hábitos de estudio y prudente austeridad. Eso es lo que nos pasa a todos: un cambio acelerado de los hábitos facilistas y corruptivos, en definitiva un cambio generalizado y rápido de las normas del comportamiento tendientes al empeoramiento del desequilibrio económico.

Considerando entonces que la apremiante situación económica, con sus preocupantes y desagradables consecuencias: degradación social por un lado y agravamiento de las posibilidades de reactivar los mecanismos de la producción y desarrollo por la falta de dinero por el otro, se hace imprescindible y urgente cambiar las miras de la política monetaria con el objeto de permitir el aumento de la emisión sobre bases  fijas y fácilmente controlables, dando un valor fijo, propio e inalterable al peso, que puede adquirir fijeza y respaldo refiriendo su valor a la superficie métrica del territorio de la Nación incluyendo el mar epicontinental.

Anteúltima página del Proyecto Económico de Homero Virgilio MedinaSe hace entonces necesaria la cooperación de todos los propietarios de la tierra para avalar, con el 21,5% de sus bienes raíces, el respaldo de nuestro signo monetario sin tomar en cuenta lo edificado, lo plantado, ubicación, urbanización, mayor o menor fertilidad del suelo, etc, etc. Con mayor claridad: considerar únicamente la “tierra pelada” refiriendo el peso a las dimensiones geométricas que establecieran límites precisos para la emisión monetaria, tan necesaria ahora y la obtención de recursos tributarios para el Estado.

Podemos llamar a tal operatividad monetaria sobre las bases del territorio continental y el mar epicontinental como la “monetización de la tierra y el mar”.

Nosotros estamos en el tiempo y marchamos con él. El tiempo no pasa como si nosotros estuviésemos en un lugar fijo. Podemos marchar mas lento o mas de prisa pero marchamos al fin. Sobre la base del espacio y el tiempo que vivimos debemos encarar nuestra política monetaria y asentar nuestro valor de cambio.

Ahora los valores son cambiantes en su esencia y se intercambian en distintos tiempos o espacios de tiempo y con distinta celeridad.

Tenemos que crear entonces, un sistema de cambio acorde con esas magnitudes para poder resolver la deplorable situación del presente y afrontar el porvenir con seguridad.

Necesitamos un dinero distinto al de épocas pasadas, al actual y al de otros países, necesitamos un medio de cambio acorde con el tiempo y el espacio que vivimos, que tenga un valor en si mismo, no imitar, no recuperar valor perdido, no tener valor relativo, sino adquirir un valor fijo basado en el espacio, en nuestro caso: la tierra y el mar que nos pertenece, el suelo que pisamos y que tiene valor, condición indispensable para asentar una moneda y reconocido institucionalemente por todos los paises del orbe.

Además debe ser lo suficientemente abundante, con límites bien definidos de valor y de emisión, para cubrir la necesidad de todos, es decir de la demanda monetaria.

Así como las plantas necesitan para su desarrollo de abundante agua y de la nutriente savia para irrigar sus tejidos y hacer los intercambios intracelulares; así como los organismos animales necesitan de la sangre que transporta sus elementos celulares: los glóbulos rojos, que en número genéticamente establecido aportan el oxígeno necesario para las funciones vitales y desarrollo del organismo, así también nuestra sociedad necesita un medio de cambio que por su cantidad y valor satisfaga nuestras necesidades y asegure nuestro desarrollo.

La economía, a la inversa de la biología considera que un objeto vale más cuando más escasea, y sucede así, pero en materia monetaria eso sería posible antes, cuando circulaba el oro o la plata, o cuando las unidades monetarias estaban respaldadas en él.

Ahora la escasez de dinero pone en juego otros valores que pretenden y logran sustituirlo, es decir que van a ocupar el lugar donde este falta.

No olvidemos tampoco que el dinero es el elemento más práctico para unir a un pueblo, pero que debe tener valor fijo propio, ya que responde a una necesidad común a todos los ciudadanos, la de poseerlo para adquirir bienes o crear trabajo y bienestar.

Autor: Homero Virgilio Medina

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