El peor flagelo del Siglo XX: la amnesia colectiva. Por Homero Francisco Medina

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En el prólogo de “Guerra y Paz en el siglo XXI” el notable historiador británico Eric J. Hobsbawm realiza una aguda síntesis de lo que fue el siglo XX para la historia de la humanidad, pero situando su mirada desde la perspectiva de todos aquellos que desde los albores siglo XXI recibimos la pesada carga de su legado. Dice Hobsbawm sobre el siglo XX: “… ha constituido el período más extraordinario de la historia de la humanidad, ya que en él se han dado, juntos, catástrofes humanas carentes de todo paralelismo, fundamentales progresos materiales, y un incremento sin precedentes de nuestra capacidad para transformar, y tal vez destruir, la faz de la tierra- sin olvidar el hecho de que hallamos penetrado incluso en su espacio exterior-. ¿Cómo habremos de pensar esa pasada “edad de los extremos” o las perspectivas futuras de la nueva era que ha surgido de la antigua?”. Sin embargo hay otro rasgo característico del siglo XX o, para ser más precisos, de los años que constituyeron su epílogo, al que Hobsbawm le asigna una enorme importancia aunque quizá no lo haya planteado de un modo tan explícito como lo hiciera con los anteriores. Me refiero al peor de los flagelos del siglo XX- como si le faltaran otros- que es lo que a mi juicio condiciona un modo de actuar que nos muestra como si nos hubieran extirpado el hipocampo de la memoria. Dicho en otros términos:  es el problema, a la vez grave y difícil de creer, de nuestra amnesia colectiva.

Pero … ¿ cómo puedo sustentar este aserto sobre la supuesta preocupación del historiador inglés por la escasa o nula consideración que tenemos hacia la experiencia histórica propia (aclaro que si bien Hobsbawm se refiere al occidente europeo, esto es perfectamente aplicable a todas aquellas sociedades que, como la nuestra han vivido gran parte de su historia bajo el influjo de occidente). Lo puedo sustentar con otro relato de Hobsbawm, incluido en “Historia del sigloXX”, más precisamente en el capítulo titulado: “Vista panorámica del siglo XX”. Se trata de una notable anécdota que per se resulta muy ilustrativa acerca del fenómeno al que he aludido. En la citada fuente  Hobsbawm comenta que el 28 de junio de 1.992, el veterano dirigente del socialismo francés, Francois Miterrand, en momentos en que ejercía la primera magistratura de la nación gala, se dirigió de manera sorpresiva a Sarajevo, en el marco de la guerra de los Balcanes, que estaba dejando un terrible saldo de decenas de miles de muertos. Si bien esa demostración de coraje del presidente de Francia tuvo un alto impacto político, eso no quita que pudiera suceder lo que el propio Hobsbawm describiera con las siguientes palabras: “un aspecto de la visita de Miterrand pasó prácticamente inadvertido, aunque tenía una importancia fundamental: la fecha. ¿Por qué había elegido el presidente de Francia esa fecha para ir a Sarajevo? Por que el 28 de junio era el aniversario del asesinato en Sarajevo, en 1.914 de Francisco Fernando de Austria- Hungría, que desencadenó, pocas semanas después, el estallido de la primera guerra mundial. Para cualquier europeo instruido de la edad de Miterrand, era evidente la conexión entre la fecha, el lugar y el recordatorio de una catástrofe histórica precipitada por una equivocación política y un error de cálculo”.

De todo esto puedo colegir que con gran perspicacia Miterrand le estaba advirtiendo a Europa y el mundo sobre los impredecibles alcances de esta nueva crisis de los Balcanes de comienzos de la década del 90. Hobsbawm se lamenta de que: “…sólo algunos historiadores profesionales y algunos ciudadanos de edad muy avanzada comprendieron la alusión. La memoria ya no estaba viva”; y en el siguiente párrafo agrega: “La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX. En su mayor parte- dice Hobsbawm-, los jóvenes, hombres y mujeres, de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven.  Esto otorga a los historiadores, cuya tarea consiste en recordar lo que otros olvidan mayor trascendencia que la que han tenido nunca…”, pero para matizar agrega que: “… por esa misma razón deben ser algo más que simples cronistas, recordadores y compiladores…”.

Como no podía ser de otra forma, el flagelo mundial de la amnesia colectiva tiene su correlato en el proceso histórico social argentino de los últimos años. Así sucede que sectores importantes de la clase media parecen olvidar la situación desesperante que les tocó vivir en el marco de la crisis económica de los años 2.001-2.002 en la que perdió mucho más que sus ahorros cayendo en el averno de la incredulidad y la desesperanza. Tales circunstancias dieron un profundo sentido a un lema que parecía reeditar la mentada “alianza plebeya”, entre la clase media y la clase trabajadora, con la que soñaron varios intelectuales de la izquierda nacional latinoamericana. Se lo repetía una y otra vez entre los miembros de las recordadas asambleas barriales del año 2.001: “Piquete y cacerola la lucha es una sola”. Casi quince años después poco y nada ha quedado de esa alianza de clases de los tiempos de la crisis. Doce años de constante recuperación económica de 2.003 a la fecha le han permitido a los sectores medios alcanzar importantes avances en materia de ingresos lo que se ha traducido en un notable progreso en sus niveles de consumo que sus integrantes atribuyen sólo al mérito individual y no al modelo de fuerte intervención estatal que le ha dado las condiciones favorables para que ese progreso sea posible. Pero es precisamente la amnesia colectiva a la que alude Hobsbawm la que posibilita el oxímoron, quiero decir la situación profundamente contradictoria de que estos sectores medios se hagan eco de la queja desaforada de los sectores minoritarios a los que ese protagonismo del Estado en alguna medida afecta.

Con claridad meridiana Hobsbawm a la vez que denuncia la imbecilidad de la amnesia colectiva, dejando en claro que es un fenómeno de estos últimos años,  invita a los historiadores a no ser meros recopiladores de datos extraídos de los documentos, y los exhorta a hacer hermenéutica, es decir a dejar de lado las excusas y de una vez por todas disponerse a ANALIZAR LA HISTORIA CON SENTIDO CRÍTICO, que es eso lo que de ellos espera el resto de los ciudadanos. En ambos frentes nos sentimos convocados los que tenemos a cargo el tratamiento de los temas históricos en este Centro de Estudios. Por eso no sólo tratamos de recordar lo que muchos olvidan sino que además tratamos de analizarlo críticamente, para utilizarlo como un valioso insumo de conocimiento que nos ayuda a mejorar los criterios para la toma de decisiones de cara a los grandes desafíos de la situación presente.

    Autor: Homero Francisco Medina

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