DDHH de ayer y de hoy: Una familia damnificada y un Estado ausente

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No hace falta una gran agudeza intelectual para entender que hay una serie de hechos, que aunque parezcan aislados si se los aborda desde la superficialidad, resultan estar perfectamente articulados por una trama perversa heredada desde los tiempos de la última dictadura militar.  ¿Y esto le importa a los que gobiernan? Frente a esta pregunta mi propio ser racional censura a su alter ego emocional para que no cometa ningún desatino. Entonces respondo que sí, que les debería interesar. ¿Pero… por qué no toman cartas en el asunto?  Creo que en parte porque no está en la agenda de sus prioridades, en parte por desconocimiento, pero jamás esperaría que fuera por complicidad. Al menos dice eso mi ser racional, que sigue censurando a mi ser emocional.

Soy hijo de Virgilio Cesar “Caro” Medina, un militante de los setenta que deslizando pinceles en la escenografía del Teatro San Martín de la ciudad de Bs. As.  pintaba su utópico sueño de un mundo mejor. Solo por soñar despierto se lo llevaron, a él y a su padre que intentó defenderlo, aquél nefasto día del 24 de marzo de 1.976. Fueron detenidos por fuerzas de la Policía de Lobos y del Ejército, que curiosamente nunca les pidieron disculpas desde la formalidad institucional.  Mi padre estuvo cerca de un mes desaparecido y cuatro años y medio detenido, mientras que mi abuelo estuvo entre rejas aproximadamente unos seis meses. Ahí entró en escena una MUJER de espíritu indoblegable, una de esas tenaces luchadoras que se cargan la adversidad sobre sus hombros y logran sacar adelante a los suyos, allí donde muchos flaquean. Su nombre Shirley Pascual, mi madre y también  la esposa de Caro Medina. Durante los cuatro años y medio de ausencia de mi padre no sólo debió sacar una familia adelante trabajando sin cesar sino que tuvo que golpear puertas de iglesias, ministerios, embajadas y otras dependencias para recibir siempre tibias respuestas cuando no humillaciones. Todos los sábados se hacía mas de 700 kilómetros en un Citroen 3 CV para que mis hermanas y yo pudiéramos ver a nuestro padre.

Ese infierno terminó en julio de 1.980 cuando mi padre fue liberado. De allí en adelante la larga lucha de ambos por rehacer sus vidas. Siempre desde el esfuerzo siempre apostando al trabajo. Pero… ¿Cómo se reparan los traumas de una familia entera? Los de ese matrimonio, los de tres adolescentes, dos niños y un bebé. Una de mis hermanas ya no está entre nosotros y ese drama vivido tuvo un peso decisivo en tal circunstancia ¿Cómo se reparan esos daños? ¿Cómo los de aquél niño que se escondió debajo de la cama durante un allanamiento “verde oliva”? ¿ No toma nota el Estado de la situación de los que quedamos vivos? ¿ No estamos en presencia de sujetos vulnerables a los que hay que contener?

Cuando retornó la democracia vivimos intensamente la primavera alfonsinista como un tiempo de cambio que llegaba para reparar, al menos en parte, todos aquellos daños. A treinta años de aquel acontecimiento parece consolidarse aquella idea de que más que un sistema de gobierno la democracia debe ser una forma de vida.

Pero no puedo dejar de manifestar mi preocupación por las enormes dificultades que el propio Estado de Derecho encuentra a la hora depurar la NOXA enquistada en sus propias entrañas y que proviene de aquel período atroz de nuestra Historia. Redes de prostitución, delito organizado, asociaciones ilícitas que como tumores amenazan con hacer metástasis en el propio tejido de la organización estatal.

En lo que respecta a mi familia y, retomando los conceptos del trauma y la vulnerabilidad, el Estado ha estado y sigue estando bastante ausente y la política de DDHH no parece ser todo lo eficaz que desde la prédica oficial se suele pregonar. Me apena tener que decir esto porque reconozco que, con Alfonsín primero, y en los últimos diez años más aún, hubo muchos avances en la materia.

Pero hay una deuda con los que quedamos vivos que por supuesto no es material. Mi familia ha sufrido, desde los noventa para acá, una serie de vicisitudes que no pueden verse aisladamente sino inscriptas en el complejo entramado de rupturas y continuidades de la herencia dictatorial. Robos a la Farmacia, de esos bien sofisticados, usurpación de vivienda heredada- vivienda que nuestros antepasados construyeron a partir de un enorme esfuerzo laboral-. ¿Se investiga cómo corresponde si quienes usurparon lo hicieron realmente por necesidad?. Robo al kiosco familiar, un mes más tarde de habernos roto la cerradura sin haberlo consumado. ¡Oh casualidad después de haber hecho públicas algunas denuncias! Y últimamente la violencia de un patovica. Una vez más mi vieja haciendo las del QUIJOTE clamando por una JUSTICIA que algún día en el devenir de sus “geológicos tiempos” habrá de llegar.

Autor: Homero Francisco Medina

El siguiente artículo de Lobos News refuerza la idea de que hay una conexión entre algunos de los hechos mencionados:

“ROBARON EN UN KIOSCO A PASOS DE UNA CAMARA DE SEGURIDAD 24 de julio de 2012 En la madrugada de hoy, delincuentes violentaron la doble cerradura del kiosco ubicado en Salgado entre Perón y Moreno, y se llevaron 400 pesos en efectivo y mercaderías, chocolates y cigarrillos. El comercio está ubicado a 20 metros de la ubicación de una cámara de seguridad (Perón y Salgado). Francisco Medina, responsable del comercio, dijo a Lobos News que “hoy a la mañana nos llamó la propietaria del local, Gloria Di Pierro, comentándonos que la hija había pasado y vio la puerta abierta. Vinimos enseguida y nos encontramos con que rompieron la doble cerradura, han trabajado con una barreta o algo similar muy fuerte porque son muy buenas cerraduras, la del medio cayó al piso y a la obra la doblaron. Entraron, sacaron 400 pesos, sacaron chocolates grandes y algunos cigarrillos”. “La mercadería robada es mínima, y los 400 pesos tampoco significan nada a lo que es el hecho de que pueden violar una propiedad privada sin ningún inconveniente y habiendo una cámara de seguridad en el Banco Nación, a 100 metros de la Municipalidad y a 300 de la comisaría”, enfatizó Medina lógicamente molesto. El kiosco estuvo cerrado hasta que llegaron los peritos de Cañuelas por recomendación de la Policía. Y Francisco Medina aclaró que “el kiosco lo abrimos el 25 de mayo del año pasado, y si bien esta es la primera vez que consuman un robo, hace dos meses intentaron abrir rompiendo la cerradura del medio pero no pudieron con la de arriba, en ese momento no quise hacer la denuncia”. “La sensación es de mucha impotencia, y me recuerda los tiempos en que nos robaban en la farmacia cuando estaba al pie del cañón laburando con mi viejo. Este es el esfuerzo de una familia, somos gente de trabajo”, concluyó conmovido el damnificado. Cabe recordar, que no es un dato menor, que además la familia Medina está sufriendo la usurpación de la casa que perteneciera a Don Homero Medina, donde funcionó la farmacia frente al Parque, que está usurpada hace bastante tiempo sin que la justicia haya revertido el tema hasta el momento”.

Fuente: Lobos News, 24 de julio de 2.012

Otros artículos relacionados de este mismo blog:  “Mi proclama”, por Shirley Pascual; “Será Justicia”, por Homero Francisco Medina; “Política y DDHH” Periódico Interelíneas Oeste de Chivilcoy.

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