Germán Abdala, ejemplo de lucha y dignidad. Por Nicolás del Zotto

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El 12 de febrero de 1955, en Santa Teresita, a orillas del mar, nació Germán Darío Abdala. De familia inmigrante turca, su padre Manzur tenía a su cargo un pequeño establecimiento de ramos generales en el pueblo de la Costa Atlántica bonaerense. Tras una infancia en patas y en permanente contacto con la naturaleza, se trasladó a la Capital Federal donde cursó sus estudios secundarios sin llegar a terminar 5to año; ya que, según comentaría tiempo después, prefería las lecturas de Perón, Mao y John William Cooke a los manuales de lengua y matemática. Desde muy joven, Germán comenzó su vida militante dedicando cada vez más tiempo a su trabajo en las villas del sur de la ciudad; sobre todo, en Parque Patricios donde se había vinculado al cura Eladio Portillo. En 1972, con apenas 17 años, comenzó a militar en la Agrupación Peronista Amado Olmos, organización político-sindical del peronismo combativo que dirigían Julio Guillán, Sebastián Borro, Héctor Quagliaro, Ángel Rafael Cairo y Avelino Fernández. En un plenario de la agrupación conoció a quien sería su gran amigo y compañero de ruta, Víctor De Gennaro.

Luego de rebuscársela en varios oficios, en 1975 ingresó a los Talleres de Minería del Estado, donde comenzó su desempeño como trabajador estatal y, casi al mismo tiempo, su compromiso como dirigente sindical. En medio del terror estatal de la dictadura genocida, De Gennaro y Abdala impulsaron desde la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) la conformación de una agrupación interna que se propuso nuclear a toda la militancia de base y antiburocrática para dar la lucha por la recuperación del gremio, hasta aquí, en manos de los colaboracionistas a través de la intervención de Juan Roberto Horvath. El 9 de diciembre de 1977, en la Casa de Nazareth a pocos metros de la Parroquia de la Santa Cruz donde habían secuestrado a la Madre Azucena Villaflor y a las monjas francesas, se realizó el plenario clandestino que dio origen a ANUSATE, Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de ATE. ANUSATE se formó -recordaba Germán- “con la participación de aproximadamente quince seccionales del interior del país y Capital Federal, tal vez en el momento más álgido de represión, de prescindibilidades, de ataque hacia toda la estructura estatal y también de mayor debilidad de todo el movimiento obrero” .

Después de siete años de trabajo y militancia cotidiana, resistiendo a la dictadura desde la participación en los “25 gremios combativos” encabezados por Saúl Ubaldini, recuperaron el gremio triunfando en las elecciones del 6 de noviembre de 1984, donde Germán resultó elegido Secretario General de ATE Capital Federal. Con el regreso de la democracia y la temprana claudicación del gobierno radical de Raúl Alfonsín, Abdala se erigió en uno de los principales impugnadores de la política privatista y consecuente defensor de un Estado al servicio de los intereses populares. “Continúa el esquema –sostenía Germán– de endeudamiento y profundización de la dependencia seguido durante el proceso. (…) El modelo económico es el mismo, tiene los mismos agentes: las corporaciones que se favorecieron con el endeudamiento son las que hoy discuten el programa económico en el Palacio de Hacienda, las que se beneficiaron con todos los privilegios de los años de la dictadura son las que hoy asesoran al holding de empresas públicas; las mismas que les venden a las empresas del Estado, hoy están dirigiendo las empresas” .

En referencia al rol del Estado en un país semicolonial sometido a la subordinación imperialista, Germán planteaba con firmeza: “el Estado tiene que ser más fiscalizador, programar más, dirigir más, e incidir más en áreas en la economía argentina. ¿Cómo puede ser que tengamos un noventa por ciento de los yacimientos mineros tapados, ni siquiera los minerales que necesitamos para producir insumos? Necesitamos un Estado que resuelva estos problemas, ellos [los liberales] lo llamarán benéfico, nosotros le llamaremos un Estado con rol social, un Estado popular, un Estado que está al servicio de las mayorías. (…) Tenemos que trazar desde el Estado argentino políticas de integración latinoamericana y de integración del Tercer Mundo, como única forma de que el Sur pueda subsistir, pueda encontrar caminos de liberación”.

En 1989, fue electo Diputado Nacional por el Partido Justicialista y sólo un año más tarde fundó el “Grupo de los 8”, desde donde, junto a Carlos “Chacho” Álvarez y Darío Alessandro entre otros diputados justicialistas, se opuso tempranamente al giro neoliberal del gobierno de Carlos Menem, denunciando la corrupción, el vaciamiento, y la política de entrega del menemismo. En junio de 1990, Germán participó del Congreso Nacional de la Militancia Peronista realizado en Villa María, Córdoba. El documento del Congreso fue contundente: “nos reconocemos en Juan Domingo Perón y en Eva Perón para comprometernos en un desafío que consiste, en lo inmediato, en evitar la usurpación del voto popular en un intento de legitimar en nombre de un pasado pleno de realizaciones y luchas, el proyecto más injusto y regresivo de la historia política argentina”. Y por si quedaba alguna duda de dónde se paraba el sector más consecuente del peronismo frente a la traición definitiva del oficialismo, Abdala se encargó de plantar bandera en su intervención: “Nosotros sí somos los herederos de todos los héroes, de todos los próceres que lucharon por un país distinto, somos los herederos de Cooke, somos los herederos de Atilio López, somos los herederos de Amado Olmos”.

El 14 de noviembre de 1992, con la salud fuertemente diezmada por un extraño cáncer que lo venía torturando desde hacía varios años, Germán se hizo presente en el plenario fundacional de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Desde la silla de ruedas a la que lo había condenado la enfermedad sin poder contener su espíritu de lucha, pronunció lo que sería su último discurso, rodeado de compañeros que le brindaban todo su afecto y admiración. Con la misma convicción y esperanza que marcó una vida de compromiso militante, Germán sostuvo: “en cada beso, en cada abrazo, en cada mano, sentía ese aliento y esa fuerza que lleva décadas de historia, que lleva, tal vez, la sangre de miles de compañeros, de saber que este compromiso a pesar de los muchos conversos, los muchos que se han cambiado la ropa, los muchos que se han lavado la cabeza, nosotros seguimos creyendo que hay un país para cambiar, una sociedad nueva para construir, que hay un camino nuevo que alumbrar…” . El 13 de julio de 1993, su cuerpo castigado dijo basta. No quiso velorio para no recibir coronas de ningún traidor. Por expreso pedido suyo, fue cremado y sus cenizas arrojadas al mismo mar que de pibe lo vio crecer. Su ejemplo de lucha y dignidad no será olvidado, y será llevado como estandarte por el pueblo trabajador en las batallas que aún quedan por librar.

NOTAS:

1Giles, Jorge, Los caminos de Germán Abdala, Colihue, Buenos Aires, 2000, p. 53

2Jozami, Eduardo, Un Estado para pocos. Diálogo con Germán Abdala, Cuadernos de Crisis Nº 30, 1987, p. 30

3Jozami, Eduardo, Un Estado para pocos. Diálogo con Germán Abdala, Cuadernos de Crisis Nº 30, 1987, p. 36

4Giles, Jorge, Los caminos de Germán Abdala, Colihue, Buenos Aires, 2000, p. 194

5Giles, Jorge, Los caminos de Germán Abdala, Colihue, Buenos Aires, 2000, p. 235

Autor:  Nicolás del Zotto

 Fuente:  Periódico “Señales Populares” de la Corriente Política Enrique Santos Discépolo

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