Petróleo y medicamentos, las causas del derrocamiento de Illia

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26 feb 2012

ARTURO ILLIA, PETRÓLEO Y MEDICAMENTOS

El presidente Illia era un hombre sorprendente. Sencillo, afable, paciente, pero también tozudo y de convicciones inquebrantables, se grangeó un enorme respeto de parte de sus colaboradores.

Muchos periodistas jugaron con la sencillez y humildad del presidente, para proyectarlo con una imagen de senilidad, colaborando, deliberada o indeliberadamente, con los sectores de las fuerzas armadas que comenzaron a conspirar el día de la asunción; algunos de esos periodistas, como Jacobo Timerman, admitieron haberlo hecho sin más intención que explorar los límites del poder de la prensa, manifestándose arrepentidos.

En algunas de las obras escritas por los “revolucionarios” que lo sucedieron (9), se dice que el golpe militar que lo derrocó sorprendió al gobierno y al presidente en particular.

Oñativia y Nosiglia decían que el general Eduardo Rómulo Castro Sánchez, que reemplazó al general Ávalos en la Secretaría de Ejército y cuya designación determinó el retiro de Onganía como comandante en Jefe del Ejército (10) , se lo advirtió por varios meses, y que en varias reuniones de gabinete, muchos ministros le propusieron medidas para tratar de evitar o frustrar el golpe.

“En mis charlas con Illia éste me confirmó que conoció con bastante antelación que se estaba destruyendo su imagen pública y la de su gobierno.

Un gobierno democrático no puede intervenir para mejorar su imagen ni limitar la libertad de

Dr. Arturo Oñativia

expresión sin dejar de serlo”, me dijo en alguna oportunidad en la cual yo le reprochaba la inacción del gobierno frente a un golpe anunciado.

Supe, por él mismo, la cantidad y magnitud de las presiones que tuvo que soportar como resultado de las leyes de medicamentos que el gobierno sancionó; las conocía tan bien como su ministro de salud y estaba convencido de su legitimidad. Lo contaba con humildad; no había hecho sino lo que debía, se había negado a derogarlas y las amenazas del Club de París habían quedado en eso, en amenazas.

Se encargó de aclararme que el tema de los medicamentos, como motivo de desacuerdo con los organismos financieros, se había agregado al previo y mayor constituido por la anulación de los contratos petroleros con compañías norteamericanas firmados por Frondizi.

Esta anulación de contratos así como el control de cambios y la regulación del flujo externo de capitales constituían, a los ojos de los intereses trasnacionales y sus representantes locales, síntomas de un peligroso nacionalismo económico. […]

Conocía en detalle la política económica de Eugenio Blanco como Ministro de Economía, primero, y de Juan Carlos Pugliese, después, así como sus (excelentes) resultados. Eran, decía, los esperables si se dejaba trabajar a los argentinos honestos en el marco de normas claras que defendiesen el trabajo nacional.

Para sus ideas de legitimidad, las prebendas que los dirigentes sindicales se empeñaban en mantener, y si fuese posible, acrecentar, eran intolerables. Creía que el «Plan de lucha» no dependía solamente de que se sintiesen amenazados, sino que cumplían las órdenes que les llegaban desde Madrid.

El mejoramiento objetivo de la situación de los trabajadores no los había hecho dudar en su antagonismo con un gobierno no-peronista. Además, no había ningún mérito excepcional en conseguir un crecimiento sostenido próximo al 10% anual, pues la recesión de los años de Guido había sido pronunciada.” 11

“En una actitud que ahora puede ser vista como una campaña concertada, la prensa ridiculizó sin piedad al gobierno, presentando a sus hombres como sumamente anticuados, tímidos e ineficaces. Sin embargo, constituían uno de los grupos más rectos, democráticos y políticamente tolerantes del país”, afirmaba en 1983 el economista e intelectual peronista
Guido Di Tella, quien agregaba: “lo que terminó por provocar la caída del gobierno radical fue su adhesión a los principios democráticos.” 12

A fines de 1965 reapareció cierto malestar económico, en parte porque “la crisis de confianza y la incertidumbre política trajeron aparejada una disminución de la tasa de inversión que el escaso capital extranjero no compensó.

La disminución de la producción agropecuaria agravó la recesión industrial. En 1966, el PBI cayó un 1.2% y el ingreso per cápita perdió casi
tres puntos.” 13

Fuente: Juan Carlos Veronelli / Magalí Veronelli Correch “Los orígenes institucionales de la en la Argentina Salud Pública – Tomo 2 – Dos gobiernos truncados: el de Arturo Frondizi y el de Arturo Illia

NOTAS

9 “Los funcionarios del Gobierno, aislados en sus despachos, no veían venir la revolución que se comentaba en todos
los cafés de Buenos Aires.” ROTH, R. Los años de Onganía. Op. cit., p. 36, Ed. La Campana, Buenos Aires,
1980.

10 Es probable que la permanencia de Onganía en la comandancia, desde la cual había defendido el profesionalismo
apolítico del Ejército, hubiese postergado el derrocamiento del presidente, como sugirió Roth.

11 Juan Carlos Veronelli.

12 DI TELLA, G. Perón-Perón… Hispamérica. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1983, p. 63 y 66.

13 ROUQUIÉ, A. Poder militar y …Op. cit., p. 254-255.

Publicado por Francisco José Bessone en ArchivoHistoria

Fuente:   http://www.elruidodelasnueces.com.ar

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