Civilización y barbarie: una fórmula desgraciada que generó duros enfretamientos. Por Horacio Raúl Campos

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Civilización y barbarie: una fórmula desgraciada que generó duros enfretamientos

Fue la disyuntiva más potente que impregnó toda la vida política y cultural de la Historia Argentina desde la Revolución de Mayo hasta el presente.

sábado, 22 de mayo de 2.010

Civilización y barbarie: una fórmula desgraciada que generó duros enfretamientosCacique Pucurú, Chaco (hacia 1900).

Por Horacio Raúl Campos

La fórmula civilización y barbarie puede ser entrevista como la disyuntiva más potente que impregnó toda la vida política y cultural de la política Argentina desde la Revolución de Mayo hasta el presente.Esa disyuntiva, atizada sin límites por Sarmiento a partir de su ‘Facundo’ escrito en Chile, produjo consecuencias desgraciadas durante todo el siglo XIX, fue utilizada para estigmatizar a adversarios políticos, continuó hacia el Centenario y se desplazó a lo largo de la centuria pasada y aún sigue vigente.

‘Civilización i barbarie’, tal como la había escrito originalmente Sarmiento, es un eje fundamental de la cultura política y social de la Argentina. Surge con fuerza, parece entrar en agonía, pero sigue latente para emerger con dramatismo. La historia que nos contaron, la ensayística y la literatura están informadas por aquella fórmula.

“La palabra ‘bárbaro’ es de origen griego y designaba a las naciones no griegas, a las que se consideraba primitivas, incultas, atrasadas y violentas. La oposición entre civilización y barbarie es antigua”, coinciden en explicar el argentino Fermín Chávez y el sociólogo brasileño Michael Lˆwy.

Su presencia se la puede leer en la Grecia clásica del siglo V a. C., en la escritura latina del S. I a. C. A América llegó de la mano de la conquista española y en el siglo XVIII, por medio el colonialismo europeo, pareciera ser que se propaga con más fuerza hacia otros países y colonias.

La exclusiva ‘civilización’ y la ‘barbarie’, en dos milenios y medio, le cupo y le cabe a países, pueblos, comunidades, razas, partidos políticos, personajes, localidades, sujetos sociales e inmigrantes.

En nuestras tierras el tema ya aparece en las crónicas de la conquista, por ejemplo en ‘La Argentina Manuscrita’, de Ruy Díaz de Guzmán y está también en los albores de la Revolución de Mayo.

Por lo tanto, la fórmula no es un invento de Sarmiento. Lo que hizo el sanjuanino fue ponerla en la fragua para combatir a Rosas desde el diario chileno ‘El Progreso’, en medio de un violento clima político en ambos lados de la Cordillera de los Andes.

En la Argentina, una vasta producción intelectual está modelada por ‘civilización y barbarie’: historia, ensayo, novela, teatro, poesía y cuento e incluso en diferentes géneros del periodismo. Pero ese eje no se queda sólo en la faz simbólica ni el arte, porque también se halla (se aplica) en la práctica política concreta.

Ocurre que la disyuntiva sarmientina, maniquea, se tornó exclusiva porque se pasó de ‘civilización i barbarie’, cuya forma parece proponer inclusión, a la práctica política ‘civilización o barbarie’, es decir, a la exclusión del ‘Otro’ y no pocos casos a la eliminación física de ese ‘Otro’. La dicotomía fue refutada por Alberdi en los ’50 del siglo XIX.

La hace suya sin revisar la generación del ’80 y también por quienes escriben hacia el Centenario. En 1968 fue Arturo Jauretche quien le dedicó un libro al asunto. Para este político y ensayista ‘civilización y barbarie’ era la zoncera madre que parió a otras tantas.

En América, los conquistadores vieron como ‘bárbaros’ a los pueblos que conquistaron y mataron, Sarmiento le endilga esa condición a los gauchos -y a los indios-, ubicados en la campaña pastora. Hacia fines del siglo XIX e inicios del siguiente los ‘bárbaros’ ahora son los inmigrantes.

Luego la ‘barbarie’ estuvo emparentada con los inmigrantes del interior, con los ‘cabecitas negras’, con el ‘aluvión zoológico’ del peronismo, con el ‘lumpen’ del conurbano y en la actualidad con los inmigrantes de países limítrofes y los que cortan calles o avenidas en los grandes centros urbanos son para algunos los perfectos ‘bárbaros’.

En los doscientos años, o quinientos en América, el ‘bárbaro’ estuvo despojado de condición humana. Ese ‘Otro’ es inhumano, salvaje, bípedo, desordenador del orden y está fuera de la ley. Por lo tanto, si se está fuera de la ley el poder está habilitado para su eliminación física o encarcelarlo. Un imaginario siempre latente en una gran parte de la sociedad argentina y que fácilmente sobrepasa el bicentenario.

Fuente: http://www.losandes.com.ar/
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