Inundaciones: ¿Buscando responsables? Por Carlos Chiarulli

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La llanura pampeana es un escenario de suma fragilidad ante eventos hidrológicos extremos. Los pulsos de sequías e inundaciones característicos de este ecosistema están hoy más sensibles a los cambios artificiales que provocan las nuevas tecnologías de uso del suelo. El aumento de la parcelación, el incremento del entramado vial rural y secundario, las obras anárquicas de avenamiento predial, y las modificaciones en la estructura edáfica por intensificación agrícola han acelerado el escurrimiento superficial que provocó el pico rápido de caudal que anegó a San Antonio de Areco, con alta cantidad de evacuados y pérdida de bienes imposibles de mensurar. La primera reacción de algunos sectores del gobierno y del empresariado rural fue “buscar un culpable a quién responsabilizar”. Obviamente nadie quiere asumir el costo político, social y económico que genera un hecho de esta naturaleza y magnitud. Pero realmente,…¿Hay culpables por ésta inundación? Creo que no existen culpables por ésta inundación;… pero no puedo negar que existen diferentes grados de responsabilidad compartida en las causas que la generaron. Pienso que es irresponsable buscar al “chivo expiatorio” para justificar al hecho y no asumir la cuota de responsabilidad que le toca a cada uno de los sectores que hoy, entre “dimes y diretes” pretenden des-responsabilizarse. Una inundación es un fenómeno natural que se transforma en catástrofe por cuestiones antrópicas. Buscar las “causas” y no los “culpables” es la actitud más responsable para avanzar en la solución del problema. Y el origen antrópico de esta inundación tienen que ver básicamente con dos cuestiones: Con un modelo productivo agrario que vulnera al ambiente y agudiza el efecto del fenómeno natural; y con un modelo de gestión que minimiza la importancia de la política hídrica y ambiental, subordinándolas a objetivos económicos sectoriales de corto plazo. Lo que sigue es una reflexión en éste sentido. Con referencia al modelo productivo agrario podemos decir que los cambios en el uso del territorio contribuyen a la manifestación de los procesos de anegamiento. El relieve de la llanura pampeana de por sí presenta cierta incapacidad de evacuar volúmenes importantes de agua, generando anegamientos. Los sistemas hidrológicos de llanura son especialmente sensibles a los cambios que provocan algunas obras viales y canalizaciones para aumentar el drenaje pluvial. La colmatación de áreas deprimidas con capacidad de almacenaje disminuida, es corresponsable de anegamientos en áreas naturalmente arreicas. Por otro lado, cuando las poblaciones se asientan sobre las llanuras aluviales de los ríos y arroyos, las planicies marginales de lagos, lagunas y bajos siempre son espacios de riesgo hídrico. La causa que más agrava el anegamiento es el aumento del potencial de escurrimiento por pérdida de estructura y degradación de suelos -a nivel de microescala-, y por cuneteos y canalizaciones -a nivel de macroescala-. La degradación de los suelos de la región es el resultado de los cambios en las prácticas agronómicas que se iniciaron hace unos treinta años, consistentes en el incremento de la superficie destinada a la agricultura con disminución de la ganadería y una sobreexplotación del suelo con prácticas intensivas de mono ó bicultivo con doble cultivo anual. Este uso intensivo causa la degradación del suelo por pérdida de actividad biológica a causa de contaminantes, y por pérdida de estructura que reduce la porosidad y capacidad de infiltración, aumentando el potencial de escurrimiento y erosión hídrica por lavado de suelo. Las canalizaciones anárquicas acentúan la problemática de escurrimiento agravando las consecuencias del déficit ó exceso hídrico. Respecto al modelo de gestión política en materia ambiental podemos decir que, -en términos generales-, el Estado (Nación y Provincias) no han incorporado la dimensión ambiental en sus políticas públicas para un desarrollo sustentable. La muestra de ello lo tiene el tratamiento político que tienen temas centrales en materia ambiental como son los bosques, ríos, glaciares, fauna, contaminación, suelos, y agua. No hay una política hídrica para hacer un uso racional del agua en el marco de un desarrollo sustentable, que no afecte el bienestar de la comunidad y el derecho a un ambiente sano y saludable de las generaciones futuras. La política hídrica debe definir claramente los objetivos nacionales referidos al uso y aprovechamiento de los recursos hídricos propios o compartidos. La legislación provee pautas de conducta general, y la administración es un instrumento concreto de ejecución de esas normas y la política hídrica Elaborar una política hídrica, requiere con carácter previo un estudio de la región donde se aplicará, un relevamiento de los recursos hídricos existentes, como así también de otras cuestiones relacionadas con el agua tales como los aspectos sociales, económicos, legales, institucionales, y ambientales principalmente. La política hídrica no puede inventarse sino que debe estar ligada a la realidad económica y cultural de esa región. El fin de la política hídrica es que cada sociedad alcance sus objetivos, que difieren según la escala de valores. Por lo tanto no podemos pretender que una política hídrica sea aplicable a todos los lugares, regiones o provincias del país. Por ejemplo para unos la política del agua podría consistir en priorizar servicios de agua potable en zonas rurales, para otros preservar recursos de agua subterránea como una reserva estratégica del país, ó recuperar áreas de riego afectadas por problemas de drenaje o salinidad, ó reforzar la economía agrícola, ó frenar la contaminación de los acuíferos, etc. La gestión del agua se debe hacer a través del concepto de cuenca. La cuenca hidrográfica es una unidad interjurisdiccional que abarca en muchos casos a más de una provincia. La cuenca, -sea en forma independiente o interconectada con otras-, es reconocida como la unidad territorial más adecuada para la gestión integrada de los recursos hídricos. ¿Por qué se consideran la cuenca la unidad territorial adecuada para la gestión integrada del agua? En principio, es simplemente porque son las principales formas terrestres dentro del ciclo hidrológico que captan y concentran la oferta del agua que proviene de las precipitaciones. Además de esta condición física y biológica básica, la principal razón es que las características del manejo hídrico genera un grado extremadamente alto, -y en muchos casos imprevisible-, de interrelación e interdependencia (externalidades o efectos externos) entre los usos y usuarios de agua en una cuenca.-

Carlos Chiarulli      10/01/2010 
MSc. Investigador Independiente. Asesor de políticas ambientales y productivas en la Cámara de Diputados de Santa Fe.   Fuente:  http://www.pais24.com 

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