La siderurgia: madre de industrias. Por Ignaz Rippamonti

· Economía, Historia, Historia Argentina
Autores

18 de Octubre de 2014

CIENCIA Y TECNOLOGÍA

La siderurgia: madre de industrias

Ignaz Rippamonti

La siderurgia: madre de industrias

Tanto el pensamiento como la obra de Manuel Savio constituyen un formidable legado. Para él la independencia económica y la soberanía nacional se alcanzan desarrollando la siderurgia como base de un proyecto industrializador.
El general Manuel Nicolás Aristóbulo Savio (1892-1948) encarnó un industrialismo nacionalista orientado a afianzar en tiempos internacionales turbulentos, la autonomía del país en el concierto de naciones.
Irrumpió en un país dominado por un modelo agroexportador sin mayores emprendimientos industriales. Entendió que era central modificar la dependencia con el mercado internacional porque las graves coyunturas internacionales, como la Primera Guerra Mundial y la crisis capitalista de la década de 1930, ponían en evidencia la incapacidad de autoabastecimiento de productos esenciales.
Los sectores militares partidarios de la industrialización anhelaban la producción de bienes industriales básicos (como el petróleo y el acero) con intervención del Estado en la creación de empresas estatales o mixtas. También Enrique Mosconi (1877-1940), creador de YPF, formó parte de esta corriente de pensamiento.
El acero más caro es el que se compra. Por eso el general Savio vio la necesidad estratégica de una consolidación industrial de base, en la lucha por la independencia económica. Tras recorrer la Europa de entreguerras comprendió la relación entre la capacidad industrial de un país y sus posibilidades de autodeterminación política. El acero era el medio, la liberación nacional era el fin.
Entendía al acero como una materia prima estratégica durante la guerra y básica durante la paz. Por ello el impulso a la industria siderúrgica argentina fue uno de sus más importantes logros.
Creó Altos Hornos Zapla, ubicada en la localidad jujeña de Palpalá, para aprovechar el mineral de hierro (predominantemente hematita) del cerro contiguo. Fue una bisagra que marcó un antes y un después en nuestro país. “La industria del acero es la primera de las industrias y constituye el puntal de nuestra industrialización. Sin ella seremos vasallos”, sostenía este militar e ingeniero argentino.
Entendió que la siderúrgica era “una industria madre de industrias”. El acero producido en el país utilizando materias primas y combustibles propios, permitiría el desarrollo de la industria nacional de la construcción, la industria automotriz, la fabricación de armamentos, herramientas, electrodomésticos y maquinarias.
En 1936 había sido designado al frente de la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM). Creó catorce fábricas propias o “núcleos de paz” –como las llamaba–, participaba en ocho sociedades mixtas y nueve sociedades anónimas con mayoría estatal, entre las cuales se destaca Altos Hornos Zapla (hoy Aceros Zapla), la planta fundacional de la industria siderúrgica argentina.
Exploró y explotó los metales con valor estratégico de nuestro suelo. Estaba convencido de una matriz productiva más “basada en el metal que en el cereal”. En el subsuelo latían los cimientos de la industria pesada nacional. “O sacamos este hierro de nuestros yacimientos… o renunciamos a salir de nuestra condición exclusiva de país agrícola-ganadero, renunciando a alcanzar una mínima ponderación industrial, con todas las graves consecuencias que ello implicará en el futuro de la Nación”, decía, y fue a la búsqueda no sólo de hierro sino también de cobre, plomo, estaño, manganeso, wolframio, aluminio y berilio.
Los hallazgos y explotaciones que se realizaron desde FM fueron numerosos. Los más destacados, los del hierro de Puesto Viejo, en Zapla, Jujuy; las arcillas y caolines bonaerenses; el uranio de Comechingones y de la mina Soberanía, de Mendoza; el cobre de Los Aparejos, en Tinogasta, Catamarca; el mineral del Paramillo, de Uspallata, Mendoza; la mina de hematita La Santa, Pastos Grandes, en Salta.

La epopeya. Mientras Chile, Brasil y México para sus emprendimientos siderúrgicos contaban con la colaboración norteamericana, Savio, condicionado por la política exterior argentina, construía la planta piloto de Palpalá apelando a piezas en desuso recogidas a lo largo de todo el país. La obtención de acero de Altos Hornos Zapla, en Jujuy, fue una verdadera epopeya. El 11 de octubre de 1945, a las 8.45 surgiría la primera colada de arrabio (acero líquido) que, en palabras de Savio, “ilumina el camino ancho de la Nación argentina”.
Casualmente ese día se celebraba un almuerzo de camaradería por el cuarto aniversario de Fabricaciones Militares. En el emocionado discurso de ese día Savio contó a los presentes: “Allá en Jujuy, en un pueblito lejano, un chorro brillante de hierro nos ilumina el camino ancho de la Argentina. Que su luz no se apague nunca. Sigamos su luz. ¡Viva la Patria!”. Este hecho no tuvo ninguna repercusión en la prensa nacional. Estaba adelantado a las preocupaciones y concepciones económicas de los dirigentes políticos de la época.
Savio formuló también el Plan Siderúrgico Argentino que fue aprobado por Ley Nacional Nº 12.987 de 1947 durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, más conocido como Plan Savio. Con esa Ley se creó la Sociedad Mixta Siderurgia Argentina (Somisa) de la que fue su primer presidente.
Zapla, también llamada Primera Unidad Siderúrgica, había sido planificada como una experiencia piloto, pero creció más de lo imaginado, Savio la llama “Fundición Criolla”. Era la única que partiendo de la propia explotación minera completaba el ciclo hasta llegar a la producción de laminados para uso industrial. Fue una experiencia fundamental que demostró que podía producirse arrabio a precios razonables y avanzar hacia el autoabastecimiento.
Su acero llegó hasta Suecia donde era apreciado por ser producido con carbón vegetal y ser por lo tanto de gran pureza. Entre 1951 y 1959 se agregan tres Altos Hornos y la planta de laminación. La mina de hierro 9 de octubre (llamada así por ser la fecha de creación de Fabricaciones Militares) y Puesto Viejo, proveían de carbón para la producción siderúrgica. Se producía allí acero para uso militar (granadas, vainas, tanques) y uso civil, laminados, cal, abono fosfatado). Los habitantes del pequeño pueblo de Palpalá vieron cambiar sus vidas y abrirse ante ellos nuevos horizontes.

Independencia económica. “La industria siderúrgica es fundamental, la necesitamos como hemos necesitado nuestra libertad política, nuestra independencia. Yo no creo forzar la analogía al comparar nuestra independencia de 1816 en lo político con nuestra independencia en lo económico en 1945 en base al nacimiento de la industria siderúrgica como piedra angular sobre la que han de desarrollarse sanamente todas las actividades en equilibrio con las de orden agrícola y ganadero”, expresó.
En 1942, en la Unión Industrial Argentina, Savio pronunció un discurso que tuvo un gran impacto frente a los empresarios más importantes del país acerca de la Política de la Producción Metalúrgica Argentina. Allí se refirió a la necesidad de una explotación racional de los yacimientos minerales (“del trabajo de esta especie de minas dormidas, muy poco es lo que ha quedado como beneficio, fuera de miserables jornales de extracción”).
Pensaba que el establecimiento de la industria siderúrgica era el acto material más trascendente de la vida de la Nación (“de poco saldrán los discursos y las tentativas para crear y mantener industrias manufactureras, si falta constituir la piedra básica: la industria del acero”).
“La siderurgia, como piedra angular de la industrialización nos proporcionará los elementos esenciales, el trabajo y junto con la industria química pesada nos hará perder definitivamente la fisonomía de pueblo pastoril, que tanto pretendemos disimular para esbozar cada vez con más nitidez, un estándar superior”, escribió.
Estaba convencido: mediante la intervención del Estado podía transformarse la débil estructura industrial argentina. Y en ese camino, fue un precursor de las ideas de de­sarrollo industrial que pocos años más tarde, durante su presidencia, el general Juan Domingo Perón llevaría a su máxima expresión.
“Su proyecto es el de un estadista –analiza su hija Alicia Savio, autora del libro La Argentina que pudo ser–, es una política económica concretada por medio del Ejército, pero no para el Ejército, sino para el país. Su idea era la industrialización de la Argentina, pero desde un punto de vista sistémico. Su idea no era solo levantar fábricas, sino conseguir equilibrio entre todas las actividades económicas.”
Algunos lo consideran un estatista, pero en realidad estaba lejos de serlo. Comprendía que sin el Estado nada podía hacerse, por lo menos en un principio, pero siempre pensó en la actividad privada y por eso utilizó la Sociedad Mixta como una manera de dar cabida a los capitales privados.
Para conseguir la ansiada independencia económica sí tuvo un plan del que se distinguen tres etapas. La primera fue la creación de la Escuela Superior Técnica para formar ingenieros, los principales ejecutores de la obra que se proponía. La segunda fue la ley que creó la Dirección de Fabricaciones Militares, que organizó las catorces fábricas que diseminadas estratégicamente en el país actuaron como polos industriales, promoviendo el autoabastecimiento industrial, la investigación de los recursos naturales y apoyando la industria privada.
La tercera etapa fue el Plan Siderúrgico Argentino, convertido en ley nacional para establecer la política siderúrgica que debía que debía ser base de la industrialización.
Su pensamiento influyó al Segundo Plan Quinquenal (1953). Planteaba como meta la integración industrial, modificando su estructura a partir de la consolidación de la industria pesada. Pero quedó trunco por el golpe del 16 de septiembre de 1955.

 

Orgullo nacional

Zapla: la boutique de los aceros

Tras años de vicisitudes por las que tuvo que atravesar la emblemática planta, hoy Aceros Zapla es industria nacional. Forma parte del grupo Taselli, y es una empresa argentina que goza de buena salud, que ha llevado adelante un plan de modernización, continuando con el designio de su fundador.
Desde el año 2003 al ritmo de la mejora de la demanda interna impulsado por el nuevo contexto nacional se realizaron inversiones en tecnología por 50 millones de dólares. La industria de la construcción y la automotriz fueron las principales poleas para la reactivación del complejo de 12 hectáreas, que coloca en el mercado interno el 85% de su producción y donde trabajan 580 personas.
Zapla es considerada hoy la boutique de los aceros con cualidades únicas, denominados “aceros especiales” que se utilizan en la industria automotriz para la fabricación de elásticos, cajas de cambio, amortiguadores y otras piezas para automóviles y acoplados de camiones. También se fabrican ejes para la fábrica de vagones en Córdoba y para la industria del petróleo y la minera. Tiene una capacidad de producción de 130 mil toneladas anuales y el objetivo es duplicar la producción. En Palpalá hay un dicho: no hay auto fabricado en la Argentina que no tenga un pedacito de acero hecho en Zapla. Sin dudas, eso es motivo de orgullo.

 

Fuente:  sur.infonews.com

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