Jorge Abelardo Ramos o las armas de la crítica. Por Enzo Regali

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04 de Octubre de 2014

Suplemento Claves de la Historia

Jorge Abelardo Ramos o las armas de la crítica

Enzo Alberto Regali. Miembro de Número del Instituto Nacional Manuel Dorrego

Jorge Abelardo Ramos o las armas de la crítica

El 2 de octubre de 1994, fallecía en Buenos Aires Jorge Abelardo Ramos, elColorado Ramos, y no lo hacía en un momento “indiferente” de la Historia.
El Muro de Berlín había caído, se había disuelto la Unión Soviética, México iniciaba un camino incierto pero novedoso con EE.UU. y Canadá en el NAFTA, el mundo se hacía unipolar y global, en nuestro país el Movimiento Peronista tenía un nuevo caudillo complejo e imprevisible –quizás a riesgo de esquematizar más parecido a Roca que a Perón– y surgía, con fuerza y potencialidades, el Mercosur.
Con una prosa aguda, por momentos hiriente hacia el adversario, intransigente pero brillante y amena, la mayoría de las veces con un gran sentido del humor, desarrolló sus ideas con una pasión digna de los grandes polemistas de nuestra historia.
Sé que la figura de Ramos fue mientras vivió por demás polémica y no será distinto luego de su desaparición, pero habiéndolo conocido no correspondería en esta nota otra cosa que tratar de hacer conocer lo que desde mi perspectiva fueron algunos de los aportes más importantes de su producción.
Nacido a la política en el marxismo, asumió las ideas de Trotsky enfrentadas frontalmente con el stalinismo soviético, iniciando una demoledora crítica hacia la “izquierda oficial” argentina o la “izquierda liberal” o “la izquierda gorila”.
Intenta “nacionalizar” el marxismo y despojarlo de la estructura europeizada que los partidarios nativos del Partido Comunista, el Partido Socialista o el trotskismo le daban.
Con gran acidez desnuda la hipocresía del “progresismo” de izquierda de esos partidos y sus derivaciones, que el 6 de septiembre de 1930 colaboraron con el golpe de Uriburu, que derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen, y que luego en la llamada Década Infame avalaron como “oposición de su Majestad” el “fraude patriótico” de conservadores y radicales antipersonalistas. En 1945 desconocieron a las masas trabajadoras que hicieron el 17 de octubre, llamándolas “hordas de desclasados” o “pequeños clanes con aspecto de murga” al mismo tiempo que hablaban con total liviandad del “nazi-fascismo-falangismo-peronismo”. Peor aún, junto a conservadores y radicales participarán de la llamada Revolución Libertadora, golpe de Estado que el 16 de septiembre de 1955 derrocó el gobierno democrático del General Perón iniciando un período de odio y sangre entre argentinos que encontrará su cenit en los finales de la década del ’70.
Su mayor mérito fue sin embargo su denodada lucha por la unidad latinoamericana. En 1948 escribió América Latina un país, libro que según el mismo dijo tenía numerosos errores pero un gran acierto: la convicción de que se debía rescatar el proyecto sanmartiniano y bolivariano de la unidad. En 1968 escribió su Historia de la Nación Latinoamericana, intento inédito y singular en nuestra Patria donde todavía hoy los estudiantes desconocen a Bolívar o a Manuel Ugarte, la historia de los países cercanos como Chile o Bolivia y ni qué hablar del Brasil, nuestro principal aliado mercosuriano.
Fue esta firme conciencia latinoamericana la que le permitió, el 2 de abril de 1982, abrazar la causa de Malvinas como lo hicieron los distintos países de América latina (con pocas y calificadas excepciones), dejando de lado pequeñas especulaciones políticas.
En enero de 1968, precisamente aquí en Córdoba, provincia que supo querer y en la que vivió durante cierto tiempo, escribía como prólogo a la Historia de la Nación Latinoamericana: “Me adelanto a declarar que no ofrezco al lector una historia de América latina, sino tan solo la crónica razonada de las luchas que nuestro pueblo libró para reunirse en una Nación. Es una historia de victoria y derrotas; pero es una historia inseparable. Me esforcé por repensar como “americanocéntrico” los episodios capitales de ese proceso y en emplear el método marxista desde aquí, contraponiéndolo a la versión sacro-marxista que tradicionalmente impuso Europa para interpretar América latina. Es mi convicción profunda que se trata del único medio para desmomificar el pensamiento revolucionario y hacerle rendir su esencia. El lector juzgará por los resultados.”
No es fácil sintetizar el pensamiento vivo y contradictorio de quien ha sido un contemporáneo nuestro. Seguramente cada uno de aquellos que lo conocieron tendrá su propia versión y visión del Colorado Ramos, pero más allá de ellas, no es legítimo olvidar, como hoy se hace de hecho, a quien fue durante toda su vida con errores, aciertos, triunfos y derrotas un incansable luchador por la Patria Grande justa, libre y soberana.

Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego
www: institutonacionalmanueldorrego.com – Dirección: Rodríguez Peña 356. CP: 1220 CABA Argentina – Teléfono: 54 11 4371 6226
Las opiniones vertidas en este suplemento corren por cuenta de sus autores y están abiertas al debate.
Mail: contactos@institutodorrego.gob.ar – contactos.institutodorrego@gmail.com

Fuente:  sur.infonews.com

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