La rica historia de los Proyectos Solidarios en Lobos

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Viernes 20 de diciembre de 2002 | Publicado en edición impresa

En una escuela secundaria de Lobos

Alumnos que aprenden con el microemprendimiento solidario

Elaboran milanesas de soja que donan a comedores; también venden a comercios

Por Fabiola Czubaj  | LA NACION

En los pasillos de la Escuela Normal Superior de Lobos, a 100 kilómetros de Buenos Aires, se respira el orgullo de alumnos, docentes, autoridades y padres por dos motivos: un fuerte sentimiento de pertenencia al “ex Colegio Nacional” -como cariñosamente lo llaman en la zona- y el microemprendimiento solidario y comercial impulsado por la propia comunidad educativa para elaborar milanesas de soja.

Se trata de una iniciativa que trascendió el proyecto de investigación inicial ideado por maestros y alumnos. Este año, 47 alumnos del polimodal (últimos tres años del ex secundario) elaboraron 88.625 milanesas de soja para donar 53.106 unidades a 13 comedores escolares, dos hogares de niños y cuatro comedores de fin de semana.

Las restantes 35.519 milanesas de “El Nacional” fueron vendidas a comercios de la zona y a familiares de los 1700 alumnos que concurren a los distintos niveles de enseñanza en el establecimiento. El capital obtenido lo invirtieron para mejorar la pequeña “empresa”.

El proyecto nació a partir de las críticas que los egresados en 2001 hicieron en una encuesta escolar: reclamaron una mejor formación para ingresar en la universidad e insertarse en el mercado laboral.

Las autoridades del colegio respondieron con mejoras en los espacios curriculares institucionales -las materias- y con pasantías en empresas de la zona.

“Todos los empresarios de Lobos nos abrieron las puertas y la municipalidad nos apoyó mucho en algo que comenzó con donaciones”, explicó el flamante director del Polimodal, Miguel Angel Cánchero, también ex alumno. Hoy, la Municipalidad de Lobos compra 14.000 milanesas por mes para los bolsones de comida de 1200 familias.

EL PROYECTO

En abril, las autoridades de la escuela propusieron al profesor Alejandro Peluffo trabajar en la materia Industrialización de Alimentos con proyectos de producción para formar a los alumnos de tercer año como emprendedores. La noticia de que los comedores de Lobos no tenían alimentos suficientes despertó en Peluffo -técnico químico, de 36 años- la inquietud de canalizar una investigación de tres ex alumnas sobre la elaboración de milanesas de soja.

El proyecto tomó cuerpo. El laboratorio de ciencias naturales del colegio se transformó en una sala de elaboración artesanal de milanesas. “Los chicos molían la soja con dos procesadoras hogareñas, pero tardaban mucho”, recordó Peluffo.

En nueve meses, la pequeña sala de producción logró la habilitación para elaborar alimentos, además de 23.000 kilos de soja cedidos por la Sociedad Rural de Lobos -a cambio de milanesas para los comedores de la zona-, una trituradora de carne, tres ollas industriales, dos freezers, una sobadora, una selladora para bolsas de nylon y una dirección para consultas y pedidos en Internet (milane saselnacional@yahoo.com.ar).

El ex alumno Sebastián Cotovich, de 18 años y estudiante de Tecnología, trabaja en forma rentada como director de producción de los emprendedores de 17 años. Con delantal blanco y las manos literalmente en la masa, Cotovich dijo que procesan diariamente unos 40 kilos de soja y pueden elaborar hasta 3000 unidades en ocho horas.

Los alumnos trabajan voluntariamente tres horas semanales en contraturno. “Ellos decidieron todo. Armaron los grupos de trabajo y distribuyeron las funciones de investigación, administración, producción, ventas, marketing y relaciones públicas”, explicó Peluffo.

Inquietos, aun en el verano buscan apoyo para construir una sala de elaboración más amplia y producir papas fritas congeladas, garrapiñadas de soja y dulce de batata.

El diseño de la marca, los balances, las ventas, las investigaciones de nuevos alimentos y las degustaciones fueron responsabilidad de los alumnos. Asesorados por especialistas en administración, bromatología y nutrición, aprendieron a organizarse y a manipular alimentos.

“Salimos a buscar por los silos y la Sociedad Rural, y los empresarios nos donaron la soja”, contó la alumna Cecilia Lo Turco.

Del colegio “nos llevamos el microemprendimiento, el crecimiento como grupo y haber aprendido a trabajar”, resumió Agustín Nigro, luciendo con orgullo una remera con la inscripción “Egresados 2002”.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/

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