Identidades laborales de los docentes: debates y perspectivas. Karina A. Barrera. Tercera Parte

Autores

3. La identidad laboral de los docentes: síntesis conceptual para su definición
“La identidad no es una pieza de museo,
quietecita en la vitrina,
sino la siempre asombrosa síntesis
de las contradicciones nuestras de cada día”
Eduardo Galeano (1989)
Este apartado pretende poner en juego los elementos teóricos mencionados anteriormente en pos de arribar a una definición conceptual del término identidad laboral de los docentes. Esta última constituye una parte de su subjetividad que alude al modo en que los docentes entienden su quehacer y se incluyen en un colectivo de pares (Vázquez: 2010). Dicha identidad comprende dos aristas fundamentales: cómo se definen los docentes a sí mismos y cómo son definidos por los demás.
Por ello, los docentes al construir su identidad atraviesan dos procesos: la atribución de la identidad y la incorporación de la identidad. Las instituciones y actores sociales atribuyen ciertos rasgos a la identidad de los docentes y, a su vez, son los propios docentes quienes aceptan pasivamente estos rasgos, se resisten, los transforman o crean alternativas propias.
El proceso de construcción de la identidad laboral de los docentes desemboca en la consolidación de un sentimiento de pertenencia por parte de los sujetos a un colectivo, que se encuentra asociado a una categoría social específica. Este sentimiento de pertenencia comprende los modos en que los docentes entienden su propio trabajo y a ellos mismos en relación a ese trabajo. Aquí se pone en juego, principalmente, el grado de conciencia de pertenencia a una determinada clase social.
Desde una postura antiesencialista, la identidad laboral de los docentes se construye y reconstruye de manera permanente en íntima relación con el entramado sociohistórico del que el sujeto forma parte. Por tanto, el devenir de la identidad laboral de los docentes, a lo largo de la historia, debe ser leído en el marco de las transformaciones materiales y simbólicas que acontecen en el
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entramado sociohistórico de cada período. También, estas identidades laborales interactúan con otros rasgos identitarios de los sujetos vinculados con la etnia, el género, entre otros rasgos que componen la identidad de las personas.
Los docentes construyen su identidad en un tiempo y espacio específico, y las relaciones de poder y conflicto que componen a dicho contexto histórico inciden en esa construcción. Asimismo, identidades pasadas y proyecciones a futuro inciden en la construcción identitaria presente de los docentes en relación con su trabajo.
La identidad laboral se visibiliza tanto en los discursos como en las prácticas de los docentes de manera implícita o explícita. Si bien el colectivo docente comparte una serie de elementos comunes que componen su identidad en un período de tiempo determinado, ésta no es totalmente homogénea. Es decir, al interior del colectivo docente coexisten diversas identidades laborales ligadas a las fragmentaciones internas de tal grupo social. Esta fragmentación alude al nivel educativo en el que trabaja el docente, el tipo de gestión de la institución, la región geográfica en la que se encuentra, su tipo de formación, su participación o no dentro de los sindicatos docentes y el lugar que ocupa dentro de él (en caso de participar), entre otros elementos que imprimen diferencias identitarias ligadas al trabajo docente.
La identidad laboral de los docentes no puede expresarse en un rótulo homogéneo y totalmente determinado, por el contrario la identidad es una síntesis de diversos rasgos articulados. Síntesis que, en algunos momentos, evidencia la preeminencia de ciertos rasgos por sobre otros, dependiendo de diversos factores incidentes en la construcción identitaria. Esto se debe a que la identidad de los docentes se construye y reconstruye en el marco de una correlación de fuerzas, en donde diversos sectores pujan por imponer determinados significados al trabajo docente y a la auto-concepción del docente en relación con su propio trabajo.
Comprender lo mencionado líneas atrás implica una lectura de lo social que ponga de relieve las contradicciones y el conflicto que predomina en las sociedades capitalistas a lo largo del tiempo. Sociedades en las que surge y se desarrolla la docencia como trabajo. Por ello, resulta pertinente analizar a la identidad laboral de los docentes desde una perspectiva sociohistórica que
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utilice el concepto de Hegemonía como eje de lectura e interpretación de lo social. Los aportes de Gramsci permiten entender a la hegemonía como un proceso social general que contiene un complejo entrelazamiento de fuerzas sociales, políticas, económicas y culturales y, a su vez, como un proceso de construcción de subjetividades. En palabras de Williams (1980):
“La hegemonía constituye todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida: nuestros sentidos y dosis de energía, las percepciones definidas que tenemos de nosotros mismos y de nuestro mundo. Es un vivido sistema de significados y valores – fundamentales y constitutivos – que en la medida que son experimentados como prácticas parecen confirmarse recíprocamente. Por lo tanto, es un sentido de la realidad para la mayoría de la gente de la sociedad, un sentido de lo absoluto debido a la realidad experimentada.” (1980:12)
La hegemonía es el resultado de una tradición selectiva, ya que expresa una selección intencional de significados, experiencias y valores que responden al interés de un determinado sector social. Es decir, de una amplia gama de posibilidades, se incluyen determinadas perspectivas y se excluyen otras. Tal selección no suele visibilizarse y, por tanto, no aparece como una imposición externa. Estos significados, valores y experiencias se internalizan a partir de un consenso activo de los sujetos que lo internalizan como verdad naturalizada en las prácticas que se experimentan. Este aspecto es sumamente relevante ya que se conforma un sentido común en los sujetos marcado por la hegemonía. Gramsci define al sentido común como aquella concepción más difundida de la vida y la moral, correspondiente a cada estrato social. El sentido común acepta y naturaliza una serie de prácticas y significados hegemónicos de manera acrítica y universalizante. En su interior se encuentran presente espacios de contradicción, sobre los que es posible trabajar a fin de romper con dicha naturalización. Esto último implica la construcción del núcleo de buen sentido, que emerge en tiempos de crisis e implica una ruptura del sentido común que se desarrolla por las contradicciones vividas por los sujetos.
La hegemonía no se consolida ni se sostiene de modo pasivo ni cerrado, pues es un proceso abierto y contradictorio. Para sostener tal conceso activo ésta
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debe continuamente ser modificada, redefinida y recreada, según los intereses de la clase dominante que la sostiene. Esto último se debe a que la hegemonía es continuamente resistida y desafiada por movimientos contrahegemónicos. La dominación no es total y hay espacios de ruptura y acción de los sujetos que contradicen al orden instaurado por la hegemonía dominante en un momento dado.
El concepto de hegemonía permite pensar a las instituciones educativas en general y a la identidad laboral de los docentes en particular. En tanto ambos son espacios de difusión de la hegemonía y, también, territorios de disputa en pos de la construcción de una propuesta alternativa de sociedad, de docencia y de educación.
La identidad laboral de los docentes es un terreno eminentemente político, en tanto las formas en que los docentes entienden su quehacer y se incluyen en un colectivo de pares repercuten en la capacidad de este trabajador de incidir en la realidad y delinear itinerarios posibles. Las identidades inciden en la construcción y puesta en marcha de un proyecto educativo en particular y social en general.
No nos movemos en un terreno neutral, por el contrario las identidades laborales han sido y son arenas movedizas de disputa debido a su peso político. La puja por imponer, resistir o construir determinadas improntas identitarias mantiene una relación de interdependencia con las finalidades de la educación, el sentido político de la misma y la concepción de sociedad y Estado en la que ésta se inserta.
Estudiar las identidades laborales de los docentes implica analizar cómo se construyen, qué significados evidencian/ocultan, sus continuidades y rupturas en el tiempo pero, por sobre todo, implica leerlas vinculadas a la acción preguntándose en qué proyecto político se inscriben.

 

Fuente: UNLu-SUTEBA

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