Identidades laborales de los docentes: debates y perspectivas. Por Karina A. Barrera. Cuarta Parte

Autores

4. Apóstoles – Profesionales – Trabajadores: ¿Identidades que coexisten o identidades en disputa?
A lo largo de la historia los docentes asumieron y asumen diversas identidades laborales, es decir, diferentes modos de definirse a sí mismos en relación con
9
su trabajo y de ser definidos por los agentes e instituciones con los que interactúan.
La identidad laboral de los docentes no es una sola ni puede reducirse a un modelo explicativo, por el contrario la docencia argentina manifiesta diversos rasgos identitarios con características disímiles. A pesar de tal multiplicidad, es posible afirmar la preeminencia de tres modelos que se presentan de manera protagónica. Estos tres modelos aluden a entender al docente como apóstol funcionario, como profesional o como trabajador.
Considerar estas tres imágenes de la docencia y su incidencia en la realidad socioeducativa en diversos períodos no implica intentar clasificar la realidad a partir de modelos cerrados y arbitrarios. Por el contrario, estas imágenes deben utilizarse como categorías que propicien la reflexión sobre las representaciones y el sentido común de los docentes en relación con su identidad laboral. Reconocer la existencia de estos tres modos protagónicos de entender a la docencia, debe permitir desarrollar tres cuestiones íntimamente relacionadas.
En primer lugar, reconocer la existencia de diferentes formas de entender al quehacer docente contribuye a desnaturalizar y de-construir las diferentes imágenes consolidadas en la historia argentina en relación con la docencia. Tales imágenes han penetrado en el sentido común del docente, naturalizándolas y ocultando su carácter de construido. Por ello, es necesario develar que los rasgos identitarios de la docencia no son neutrales. Dichos rasgos son construcciones sociohistóricas que fluctúan a lo largo del tiempo, al ser interpeladas por las relaciones de fuerza entre diversos significados y sectores en pugna en un momento dado. Tal construcción se lleva a cabo en un contexto determinado y con grupos y sujetos sociales específicos, siendo necesario reconocer los juegos de poder que en ella inciden y el carácter activo de los sujetos partícipes. Esto último remite a que los docentes no son receptores pasivos de imágenes prefabricadas; ya sea mediante su acepción/incorporación, re-significación o resistencia participan activamente en el proceso de construcción identitaria.
En segundo lugar, en los diferentes períodos históricos suele predominar una de las tres imágenes mencionadas por sobre otras (apóstol, profesional o trabajador). Frente a los cambios que acontecen en el entramado social, las identidades fluctúan y la potencia identificatoria de cada una de ellas también
10
varía. Una mirada diacrónica permitiría ver qué incidencia tiene cada una de estas imágenes en cada período e identificar su surgimiento y evolución (en cuanto al contenido, formas de difusión, impacto en el sentido común, resistencias, entre otras características). Mientras que una mirada sincrónica permitiría observar cómo en un momento determinado coexisten diversos rasgos identirtarios con la preeminencia de alguno de ellos. Esto último implica comprender que no hay una total definición del colectivo docente por uno u otra identidad, sino que coexisten y disputan terreno las tres con diferente potencia según el contexto en el que se desarrollen. Contexto construido por los propios docentes en tanto sujetos activos y por los diversos agentes atribuidores de identidad en el marco de mediaciones materiales y simbólicas.
En síntesis, la identidad laboral de los docentes está compuesta por diferentes rasgos y, en los diferentes períodos históricos, predomina cierta imagen o elemento característico en la identidad laboral de los docentes. Tal identidad comprende una adhesión temporaria a un conjunto de características específicas que definen al quehacer docente y lo dotan de significado. La identidad apostolar, profesional o de trabajador no representan etapas inconexas. Si bien cada una surge en un período específico, lo que predomina es su interacción en la actualidad. Tal interacción se desarrolla en los albores de los procesos sociopolíticos de diversos períodos históricos y, por tanto, se vinculan en el marco de una relación de lucha entre diversos sectores sociales que pujan por imponer determinados significados acordes a sus intereses.
Cuando se menciona la interacción se alude al conflicto. Esto se debe a que la identidad de los docentes se construye y reconstruye en el marco de una correlación de fuerzas, en donde diversos sectores pujan por imponer determinados significados al trabajo docente y a la auto-concepción del docente en relación con su propio trabajo.
En tercer lugar, las distintas formas de entender a la identidad laboral e los docentes inciden en la realidad de maneras disimiles. Es decir que las diferentes identidades promueven o inhiben determinados cursos de acción y proyectos a imaginar y desarrollar. Es decir, cada uno de los mencionados modelos identitarios incluye ciertos rasgos y obstaculiza el reconocimiento de otros, lo que tiene consecuencias en la capacidad de incidir en la realidad. Por
ello, es necesario destacar que cada identidad lleva en su interior una determinada concepción de sociedad, Estado y finalidad educativa.
Actualmente, en las diversas prácticas y discursos del colectivo docente es posible identificar la presencia de rasgos identitarios vinculados a la imagen de apóstol, de profesional y de trabajador. Tal coexistencia de las tres imágenes no implica una convivencia pacífica ni igualitaria entre ellas. Por el contrario, su coexistencia debe leerse en términos de disputa por la imposición de significados. Disputa entre sujetos y colectivos con determinada capacidad de acción en un contexto singular.
La mirada apostolar y profesional clásica encuentra conexión al responder y ser funcional a la perspectiva liberal conservadora del orden social vigente, mientras que la postura que define al docente como trabajador ofrece rupturas en la arena de definiciones del colectivo docente. Que los docentes se definan a sí mismos como trabajadores y, por tanto, entiendan su labor en la escuela como trabajo intelectual ha sido una disputa que hasta el día de hoy está vigente.
A partir de reconocerse como trabajadores resta señalar su pertenencia al conjunto de asalariados de la Argentina, identificando lazos de unión y diferencia con el colectivo de trabajadores que excede el mero ámbito educativo. Y principalmente, esto se relaciona con el grado de conciencia de pertenencia a una determinada clase social (trabajadora) y sus intereses, en oposición a los intereses de otra clase (Burguesa) con quien mantiene un vínculo de explotación. Por el momento resta explicitar ciertos interrogantes que la concepción del docente como trabajador debería promover. Qué implica ser un trabajador, cómo se organiza y para qué, qué se produce en este trabajo y cómo lo hace, qué valor y sentido tiene tal producción, con quiénes y de qué maneras se trabaja, qué espacios abarca el trabajo de enseñar, qué derechos y deberes implica y qué espacios de participación le corresponden a este trabajador intelectual son algunas de las preguntas que es posible plantear partir de reconocer a los docentes como trabajadores de la educación.

Fuente: UNLu-SUTEBA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: