Identidades laborales de los docentes: debates y perspectivas. Por Karina A. Barrera. Primera Parte

Autores

1. La identidad laboral: Su definición, una toma de posición
La identidad es uno de los conceptos que se encuentra en el centro del debate de las ciencias sociales, en general, y de la antropología y sociología en particular. Numerosos autores (Hall S., 2003; Freytes Frey, 2004; Grimson, 2011) coinciden en señalar la polisemia y confusión que se genera en relación con el concepto de identidad. Por un lado, dicho concepto es utilizado en diversos estudios del campo social que abordan temáticas disímiles (etnia, género, trabajo, movimientos sociales). Por otro, los diversos estudios definen y caracterizan al concepto de identidad de maneras diversas, dando lugar a variados abordajes teóricos del término en cuestión.
En primer lugar, la postura esencialista entiende a la identidad como una esencia suprahistórica, unificada e inmutable. Es decir que la identidad es una esencia compartida por un grupo homogéneo, cuyo surgimiento se remonta al pasado siendo transmitida de generación en generación. De manera tal, que permanece como un atributo natural a lo largo del tiempo.
Esta postura sirvió de sustento para construir la noción de una identidad nacional homogeneizadora, en tanto apelaba a la existencia de algo compartido por un grupo de personas que permitía superar las diferencias preexistentes. Y que ese algo era, a su vez, heredado y no construido de manera subjetiva y contextualizada. Prevalece también, en este enfoque, cierta mirada metafísica de la realidad en tanto la identidad se acerca a la predestinación como atributo objetivo de los individuos.
En segundo lugar, el abordaje esencialista de la identidad ha sido criticado y se han desarrollado numerosos trabajos que tienen por objeto cuestionarlo. La perspectiva constructivista expresa la mirada de un grupo de autores que, en líneas generales, cuestionan la definición y caracterización de la identidad como integral, originaria, natural y unificada. En contrapartida, proponen entender a la identidad como una construcción y reconstrucción histórica inacabada.

Por su parte, Hall (2003) define a la identidad desde un enfoque discursivo sosteniendo una postura estratégico-posicional. Éste destaca el carácter construido, abierto, contingente y fragmentado de la identidad.
Por un lado, el carácter construido se debe a que la identidad se constituye de múltiples maneras incluyendo las prácticas, discursos y posturas específicas, que tienen lugar en un momento sociohistórico concreto. Al respecto Hall destaca que:
“(…) las identidades se construyen dentro del discurso y no fuera de él, debemos considerarlas producidas en ámbitos históricos e instituciones específicas en el interior de formaciones y prácticas discursivas específicas, mediante estrategias enunciativas especificas” (2003:18)
Al reconocer el proceso de construcción de la identidad, el autor permite comprender dos elementos centrales que caracterizan a este concepto. Un aspecto es el carácter abierto del proceso en tanto no permanece inmutable a lo largo del tiempo, mientras que el otro alude al papel del poder en la construcciones identitarias. Las prácticas discursivas mencionadas líneas atrás construyen la identidad en el marco de un “juego de poder” específico.
Por otro lado, según el autor en cuestión, el carácter fragmentado de la identidad consiste en que ésta es producto de procesos de diferenciación- exclusión y no signos de unidad. Las identidades se construyen en base a diferenciaciones respecto de un otro que no es y, por tanto, que se excluye.
Por su parte Dubar (2001) aporta a la definición del concepto de identidad desde una mirada antiesencialista, y destaca dos sentidos que este término comprende:
“Definición de si-de lo que somos o queremos ser- hecha por nosotros mismos (identidad con frecuencia denominada individual) y definición de nosotros hecha por los otros: es decir, en función de la pertenencia a una categoría principal (a menudo llamada identidad “colectiva”)” (2001:5)
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Ambos sentidos permiten articular dos planos constitutivos de la identidad: el plano biográfico (para sí) y el plano relacional (para el otro). De este modo, los sujetos construyen su identidad nutriéndose de ambos planos.
En el análisis del plano relacional, Dubar coincide con Hall al reconocer la presencia de juegos de poder en tanto que, por ejemplo, no todos los sujetos sociales tienen la misma capacidad de imponer y difundir sus discursos y representaciones del mundo.
Según Grimson, en un contexto histórico específico una sociedad cuenta con una “caja de herramientas identitarias” compuesta por el conjunto de clasificaciones de grupos sociales disponibles. Estas categorías pueden ser emergentes o antiguas y tener mayor o menor relevancia, es decir, potencia identificatoria. Los individuos son interpelados por esta “caja” y pueden con ella identificarse (considerarse a sí mismo), identificar a los otros y ser identificado por los demás. Es decir que, la identidad se conforma por el sentimiento de pertenencia asociado a una categoría.

Fuente: UNLu-SUTEBA

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