Vida y Obra de Homero Virgilio Medina. Sexta Parte

· All files (Todos los archivos)
Autores

En el capítulo anterior dijimos que, en el marco de la campaña electoral de 1.973 Homero Medina, trabajó con entusiasmo a favor de la candidatura a Presidente de Américo Ghioldi. Hablamos también de las dificultades que podía suponer para un dirigente del interior de la Pcia de Bs. As. como Homero la cabal comprensión de las lides internas del partido a nivel nacional. Aún así tales circunstancias no expían a Homero Medina, a quien debemos adjudicarle sin medias tintas ese grave error de comprensión, que con sentido autocrítico, en los últimos años de su vida, a si mismo se iba a reprochar. Américo Ghioldi con un grado de patetismo difícil de mensurar repetía con insistencia la vieja fórmula de “Civilización y barbarie”. En efecto la vieja fórmula sarmientina era reinterpretada en clave de siglo XX y en ella el peronismo aparecía como la barbarie al tiempo que “su socialismo” representaba a la civilización. Pero sabemos que su acentuado cipayismo pronorteamericano más que a favor de una “cruzada civilizatoria” lo colocaba al servicio de los intereses del imperialismo. Por eso visitaba con mayor frecuencia la Embajada de los EEUU que el Comité Central del Partido Socialista. Planteo esta cuestión sin ambages porque tengo la tranquilidad de conciencia de haberlo hablado con Homero en los tiempos de su vejez y recuerdo que con alberdiana sabiduría (recordar aquí que el Alberdi octogenario parece más lúcido que el Alberdi jóven), en sus últimos años de vida lo supo reconocer.
Quién en los años setenta estuvo mucho más lúcido fue su hijo Virgilio Cesar, más conocido como Caro (querido en italiano), quien en el marco de la Argentina de entonces y mientras se producía la claudicación de los más importantes referentes del partido, radicalizó sus posturas, y en cierta medida supo contagiar a Homero de una renovación de ideas que entraba en contradicción con el ghioldismo al que lo llevaba la disciplina partidaria. Así Homero iba empatizando con posturas más combativas y antimperialistas. Pero al mismo tiempo fue esa una época plagada de dificultades, tanto desde el plano de lo familiar, como desde lo profresional y laboral. En 1.969 a raíz de un desafortunado episodio vinculado con su oficio de letrista, que provocó el derrame de un botellón de esencia de trementina, se incendió la Farmacia Medina, la que luego del infortunio debió cerrar sus puertas. Esto trajo importantes dificultades laborales para Homero y para su hijo Caro que siempre habían trabajado juntos. En 1.972 Rubén Darío Medina, para los cercanos Coco, el segundo de los varones de la familia, que según se cree padecía esquizofrenia, aunque en su caso nunca fue diagnosticada, se suicidó en la casa quinta de Independencia y Ameghino. Si bien luego pudieron trabajar en Farmacia Lobos, con un precario acuerdo en el que sólo negociaba el padre por él y por su hijo, Caro terminó yéndose a la ciudad de Bs. As. donde pudo entrar a trabajar en el área de escenografía del Teatro San Martín. Allí fue donde Caro radicalizaría sus posiciones como ya lo hemos dicho con anterioridad lo que, quizás como efecto contagio, tuvo su correlato en un replanteo por parte de Homero acerca de sus propias posiciones políticas. Pero no hubo demasiado tiempo para que madurara este intresante cambio porque el mismísimo 24 de marzo de 1.976, en la casa de sus padres, Caro fue detenido por un grupo integrado por personal del Ejército y de de la Policía de Lobos. Entonces Homero hizo lo que un padre que se preciara de tal tenía que hacer, e intercedió en su defensa. No actuó con heroísmo sino que cumplió con la obligación moral de ser quien lo había formado políticamente en los ideales del socialismo. Así también Homero terminó detenido aunque ambos seguirían periplos diferentes. Virgilio Cesar estuvo un més desaparecido y debió sufrir en carne propia la inhumana, abyecta y soez práctica de la tortura hasta que al mes y medio ambos se reencontraron en una Dependencia Policial de Azul, y poco después fueron trasladados a Sierra Chica, en el Partido de Olavarría, donde permanecieron juntos durante unos cuatro meses y medio cuando Homero fue liberado. Su hijo en cambio permanecería cuatro años más a causa de su militancia política muy activa en esos tiempos en que trabajó como realizador escenográfico del Teatro Gral San Martín de la ciudad de Bs. As.
Ahí sufrieron ambos la ignominia de la cárcel y ahí conocieron también lo que fue la traición de los más “conspicuos” dirigentes del partido, la mayoría de los cuales fueron cómplices de la dictadura. El resto de sus familiares, y muy especialmente los que permanecieron en Lobos, debieron sufrir una suerte de ostracismo psicológico y espiritual, o si se prefiere un exilio simbólico de esos que, en un pueblo chico del interior puede causar daños psíquicos inconmensurables circunstancia por la que nunca nadie a los familiares sabrá darnos una mínima explicación. ¿En nombre de qué o de quién podrían hacerlo? Lo mejor es que tengan a bien acompañarnos al menos con un respetuoso silencio. Cuando ese exilio simbólico era interrumpido, seguro que era para reprocharle algo a la familia, de modo explícito o peor aún de ese modo implícito que suele adquirir la violencia psicológica.

En julio de 1.980, el año de la gran inundación, de características muy similares a la de este 2.015, Caro Medina recuperó la libertad para la felicidad de toda su familia. Para reinsertarse a la vida laboral gestionó sin éxito la posibilidad de ser reincorporado al personal del Teatro Municipal Gral San Martín. Entonces, mientras buscaba diferentes alternativas, se dedicó por un tiempo a su oficio de letrista trabajando junto a su padre. Pero pronto surgió una idea por demás interesante: la de abrir una Farmacia en la calle Moreno, es decir en la calle de entrada a Lobos desde el puente distribuidor que une a Lobos con cuatro ciudades vecinas como Cañuelas y Roque Perez, por la Ruta Nacional 205, y con San Miguel del Monte y Navarro, por medio de la Ruta Provincial 41. Pero, como ya se dijo, no se trataba de una apertura sino de un traslado el de la Farmacia “Del Parque” de Independencia y Ameghino a la nueva dirección de Moreno 572 y recuperando la vieja denominación de “Farmacia Medina”. Acá debo hacer un breve paréntesis con respecto a las diferentes farmacias que tuvo Homero, sólo o en sociedad con Caro, a lo largo de 40 años. Ya hemos hablado anteriormente de la “Farmacia Medina” de Bs. As. 401 que funcionara entre los años 1.958 y 1.969. Luego en 1.974  tuvieron una breve experiencia en sociedad con un tercero, con idéntico nombre que la anterior y en el año 1.975 abrió sus puertas la “Farmacia Del Parque” que funcionaría hasta comienzos de 1.981 cuando se produjo el traslado a la calle Moreno al que nos veníamos refiriendo.

Para referirme el vínculo afectivo que Homero tenía con su Farmacia, que sobre todo en su primera dirección de la calle Bs.As. era de la clase de la “Farmacia Magistral”, y en general con sus amados Laboratorios de Química, voy a ser un poco autorreferencial. En un cuento de mi autoría digo  sobre uno de ellos: “Dejé que las palabras fluyeran, que mi libre albedrío asociara las ideas, que mente y corazón expresaran lo suyo, para que, luego de alguna pulida, quedara este relato como único testimonio de los increíbles sucesos que me han acontecido.

La primer imagen que trajo mi memoria fue la del laboratorio que don Homero supo montar en el garage de su casa quinta  (nuestra casa quinta) de Independencia y Ameghino. Se trataba de un espacio de buenas dimensiones en el que, sin embargo, la quimérica nube de sus sueños solo parcialmente era capaz de entrar. Esa nube era un “empíreo” al que se podía ingresar despierto y su deidad era Lavoisier. Esa nube quintaesencial representaba un gran sueño de alquimista: la búsqueda obcecada del elixir de la vida y de la piedra filiosofal.

Rótulo para Despacho de Receta 3Otra imagen que vino con los recuerdos fue la del Catálogo de Rivolín hnos. con decenas de modelos de rótulos para el despacho de recetas. En la parte superior iban los datos fundamentales de la farmacia de la que se tratare, en la parte inferior leyendas tales como: exactitud, bebidas, gotas, uso indicado,etc. y el resto de la etiqueta repartido entre los renglones para completar y las típicas imágenes de la iconografía de la actividad farmacéutica, la fuente de Higía o la vara de Esculapio, ambos con la serpiente enroscada o las repetidas imágenes del mortero, símbolo de la medicón exacta, y la retorta más relacionada con las preparaciones líquidas.

Las imágenes siguieron fluyendo sin solución de continuidad pero solo habré de referirme a una más de ellas. Fue la de aquel enorme y bello modular de tres cuerpos que era la principal decoración de la vieja  “Farmacia Del Parque”, que funcionara en la mencionada propiedad entre los años 1.975 y 1.981, uno de los períodos más difíciles de la historia familiar, como lo fuera para el país en general.

Rótulo para Despacho de Receta 2Las tres puertas estaban decoradas con la tradicional simbología farmacéutica. Los motivos eran: la vara con la serpiente enroscada, el mortero y la retorta junto a una medida con el detalle de las líneas de graduación. Las tres decoraciones fueron realizadas en chapa de bronce por el artista Juan Carlos González del Teatro General San Martín. Este artista, que ya no está entre nosotros,  fue compañero de mi padre, Virgilio César (Caro) Medina, en la realización escenográfica del citado teatro municipal de la ciudad de Buenos Aires”. Este relato pertenece al cuento: “Bestiario y la vieja Farmacia Del Parque”. Ver además los artículos “La antigua Farmacia Medina en la Literatura y “Homero Virgilio Medina, el último galénico de mi pueblo”.

Para ese laboratorio había diseñaría, a mediados de los años 80, un alambique, que era un antiquísimo dispositivo para destilación del agua. Para la construcción quería utilizar una garrafa vieja, a la que le hizo hacer un agujero circular de importantes dimensiones con el afamado Herrero de apellido Conti, el padre de Alfredo, que incluso hoy en día continúa el oficio de su padre en el mismo taller en que hace cerca de treinta años se realizara aquel trabajo. Recuerdo haberlo acompañado a ese lugar y el modo en que me impresionó el nivel de conocimientos de uno y de otro para tomar todos los recaudos que evitaran la explosión. En nada se equivocaron, pues el trabajo pudo realizarse sin que se produjera ningún accidente.

En un contexto difícil como fue el de los tiempos finales de la “Plata Dulce”, cuyo primer síntoma fue el “crack bancario” de 1.980, no era nada sencillo llevar adelante un emprendimiento tan audaz como el traslado de la farmacia a una zona, si no céntrica, al menos con mucho más movimiento que la del “Barrio Parque”. Había que invertir un capital en medicamentos del que no se disponía. Fue entonces necesario que, al margen del gran compromiso familiar, Caro contara con algún apoyo económico y ahí no podía faltar su amigo de toda la vida Nestor Maglione, para los cercanos “el gordo”. Así fue como el día 20 de abril de 1.981 abrió sus puertas la Farmacia Medina de moreno 572. Fueron tiempos de aventuras familiares en los que, luego de tanta angustia y sufrimiento era legítimo aferrarse a la ilusión de un futuro mejor para toda la familia, nada menos que la apuesta a que las hijas mayores de Caro pudieran seguir sus estudios en la ciudad de Bs. As., cosa que ya venía sucediendo sobre la base del descomunal esfuerzo de una madre, Shirley que, con su sueldo de maestra, venía alquilando un departamento en la calle Austria, a metros de Pacheco de Melo, en la Capital Federal desde el año 1.979. Homero acompañó con entusiasmo este proyecto y aceptó seguir siendo el farmacéutico en esta nueva etapa de Farmacia Medina en la que claramente era su hijo quien tomaría la iniciativa desde lo comercial. Por otra parte era una excelente oportunidad para que don Homero, librado de la responsabilidad de tener en su propia casa nada menos que un centro de salud, porque no otra cosa que eso es la oficina farmacéutica, más aún en un pueblo del interior, en aquellos tiempos y con la particular impronta que Homero siempre le había dado a su profesión. Así entonces aparecían en un primerísimo plano los aspectos más humanísticos de la “Farmacia Magistral”, o galénica si se prefiere, y de la “Farmacia Clínica”, en donde se podían atender los primeros auxilios, como en efecto tantas veces sucedió, con vecinos del barrio o con jugadores que terminaban lesionados en algún partido en el parque. A partir de ese modo de entender la profesión farmacéutica, siempre quedaba relegado a un segundo plano el aspecto más “fenicio” de su fase de  comercialización. Los primeros tiempos de un emprendimiento son siempre difíciles y, si a esa consideración le agregamos la compleja situación económica que vivía el país por ese entonces, puedo afirmar sin temor a equivocarme que se trató de un comienzo por demás auspicioso. Todos los hijos colaboraban en algo y así los encontró el primer aniversario, plenos de felicidad y entusiasmo, de no haber mediado el conflicto bélico con Inglaterra por las Malvinas, que junto a la “crisis de la Deuda Externa” de ese mismo año no hicieron más que ensombrecer el cielo y el horizonte de todos los argentinos. Pero algo bueno tenía que surgir de esas circunstancias tan desafortunadas. En efecto la aventura bélica de Galtieri, que terminaría en humillante derrota, y las denuncias por todas las atrocidades cometidas por la Dictadura Militar no hizo más que provocar el debilitamiento político de las Fuerzas Armadas, la pérdida total del consenso social de los tiempos iniciales del régimen, el retorno a las huelgas por parte de la C.G.T., y el surgimiento de la “Multipartidaria”, que no fue otra cosa que la unión de todos los partidos políticos reclamando el retorno de la democracia. Así de agitado se presentaron el segundo semestre de 1.982 y los primeros meses de 1.983. Era la antesala de un fenómeno histórico inolvidable. Se estaba gestando con peculiar intensidad una de esas maravillosas primaveras políticas de las que no abundaron en la Historia Argentina. Era el advenimiento del retorno a la democracia, que alcanzaría su punto culminante, entre los días previos a las elecciones presidenciales del 30 de octubre de 1.983 y el 10 de diciembre de ese mismo año, día en que un abogado radical de 54 años, el chascomunense Raúl Ricardo Alfonsín asumía como Presidente de todos los argentinos.

                                                                                   Autor: Homero Francisco Medina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: