Así es la Francia de la globalización: “La soberanía cultural por un descuento en el Disneyland París”

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De la polémica por la penetración cultural a la polémica por los precios diferenciales para alemanes y franceses

Este puede ser un buen ejemplo de como la sociedad francesa, que otrora fuera una de las sociedades más defensoras de su “soberanía cultural”, se ha vuelto pragmática y ha bajado sus “barreras de defensa” frente a la seducción alemana y norteamericana que le ofrecen cierto trato de privilegio en el orden económico internacional.

La instalación de un parque Disney en Francia fue un problema de soberanía cultural que supo generar controversias y profundos debates. Entre 1.985, cuando surgió la idea, y 1992, año en que abrió sus puertas en Francia el “Disneyland París”, muchos críticos e intelectuales franceses se manifestaron en contra del imperialismo cultural de EEUU, o cuanto menos del “neoprovincialismo” de Euro Disney.  Las críticas muchas veces eran demoledoras y se direccionaban contra el “American way of life”. Muchos hablaban de un “Chernobyl cultural”, frase atribuida a la directora teatral Ariane Mnouchkine, que caló hondo en la conciencia de los franceses. Otros se lamentaban por como el héroe galo Asterix, el más popular de los personajes de historieta franceses, perdería popularidad frente a un ícono del consumismo norteamericano como el Ratón Mickey. El 28 de junio de 1.992 se produjo un bloqueo en las puertas de Euro Disney impulsado por un grupo de productores rurales franceses que cuestionaban la política exterior norteamericana en general y un conjunto de medidas agrarias que particularmente los afectaba. Muchas voces en Francia se sumaron a esa protesta de los granjeros y revitalizaron la polémica que por momentos se tornó virulenta. Todos recordamos cuando un editorialista del periódico francés Le Figaro escribió, “Deseo con todo mi corazón que los rebeldes prendan fuego a Euro Disneyland”.

De esas ardientes polémicas de comienzos de la década del 90 hemos pasado a la actual discusión por el tema de los privilegios de franceses y alemanes con respecto a sus “conciudadanos” del resto de la Comunidad Europea. Así es esta “Aldea Global”, en la que la realidad parece darle la razón a Bill Clinton cuando afirmó: “es la economía estúpido”. Pero ya lo había dicho mucho antes con toda la elegancia de la prosa barroca del siglo XVII don Francisco de Quevedo y Villegas: “Poderoso caballero don dinero”. Si el bravo de Asterix tiene que batallar heroicamente con los tanques de Disney, en un país del “primer mundo” como Francia, qué quedará entonces para nuestro entrañable héroe tehuelche Patoruzú, con cuya versión infantil, se han hecho películas que poco tienen para envidiarle a esos blindados de la artillería pesada de la industria cultural norteamericana.

          Por Francisco Medina

La polémica salpica a Disneyland París: diferencias de precio de hasta el 82% entre alemanes y franceses

Disneyland ParísDisneyland París se nos presenta como ese mundo de fantasía y magia en el que todos nuestros sueños se cumplen. Pero lo cierto es que, de acuerdo a la investigación puesta en marcha recientemente por la Comisión Europea, “cumplir nuestros sueños” puede salirnos más o menos caro en función de nuestro país de origen.

Por ejemplo, tal y como señalan desde el diario Financial Times, alemanes y británicos pagan más por ir de vacaciones Disneyland. Según la investigación puesta en marcha por CE, esta se ha puesto en contacto con las autoridades francesas para que revisen un presunto indicio de manipulación en las tarifas de las páginas webs que el popular parque tiene habilitadas en cada uno de los países, recoge El Economista.

Son los consumidores los que acusan a Eurodisney de bloquear de forma intencionada algunas ofertas que están disponibles para los residentes en Bélgica o Francia mientras que para el resto no. El diario informa de que esto se debe a un sistema de pago basado en el país de residencia, políticas de descuentos selectivos o, algo más preocupante, redireccionamiento de los consumidores hacia precios más elevados.

No estamos hablando de unos pocos euros sino que las diferencias pueden ser de hasta el 40% en un mismo paquete vacacional entre distintos países de la Unión Europea. Por ejemplo, por un paquete de vacaciones premium, un ciudadano francés obtendría el mismo por 1.346 euros. Cantidad que en el caso de residir en el Reino Unido, ascendería hasta los 1.870 euros. La diferencia llega a ser escandalosa si comparamos la cantidad pagada por un mismo producto entre franceses y alemanes donde la diferencia es del 82% ya que un alemán pagaría hasta 2.447 euros.

Pero la historia no queda ahí. Además de pagar menos que sus vecinos europeos, los franceses disfrutan como añadido de ventajas adicionales como es el caso de descuentos para familias numerosas, bonos anuales e incluso la posibilidad de fraccionar el ya exiguo (en comparación con otros países) pago.

La Comisión Europea lo tiene claro: queda prohibido forzar a los consumidores a que paguen más en base a su nacionalidad o lugar de residencia. Disneyland París se ha defendido señalando que actúan completamente dentro de la legalidad europea ya que la normativa comunitaria contempla variaciones en los precios de un mismo producto o servicio siempre que existan razones objetivas.

De esta forma aclara que los diferentes precios entre naciones son el resultado promociones dirigidas a mercados locales que encuentran su origen en factores específicos como los periodos vacacionales de cada país o los hábitos de consumo de sus ciudadanos.

Un argumento que no convence a la CE que pone como ejemplo a otros parques de similares características ubicados en Europa como son los casos de Legoland (Dinamarca) o Europark (Alemania). Estos no varían los precios de una misma promoción a pesar de que emplean políticas basadas en el análisis de hábitos de consumo de cada país.

Ahora la pelota se encuentra en el tejado del país galo cuyas autoridades deben resolver este preocupante problema sino quieren que sea el organismo comunitario el que tome medidas contra Francia.

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Fuente: http://www.marketingdirecto.com

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