La fenomenología y el valor de uso. Por Enrique Dussel

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INTRODUCCIÓN HISTÓRICO-SISTEMÁTICA “La distinción terminológica entre emancipación y liberación tiene aquí un valor crucial: mientras que la emancipación lucha por la libertad de la identidad: la libertad de ser quien verdaderamente [ya] eres; la liberación apunta a la libertad de la autodeterminación y autotransformación: la libertad de determinar lo que [nunca fuiste y] puedes devenir.” Antonio Negri-Michael Hardt, 2009, Commenwealth, p. 331. Se emancipa el hijo para ser como su padre: para llegar a ser lo que ya fue; se libera el esclavo: para ser en un nuevo mundo en el que nunca estuvo. [1.01] Es sabido que K. Marx escribió su obra El capital para exponer un marco categorial económico que permitiera emprender investigaciones o tomar decisiones prácticas económicas. El orden de la exposición que Marx desarrolló no era histórico sino lógico, aunque en el caso de la acumulación originaria (por el tema mismo) debió, como única excepción, realizar un tratamiento histórico-sistemático. Por nuestra parte, en estas Tesis, pensamos en cambio efectuar la descripción de un marco categorial, pero teniendo en cuenta su descripción en el tiempo. Es decir, intenta ser al mismo tiempo una exposición histórica y lógica de las categorías fundamentales, y críticas para entender el fenómeno de la economía y sus posibles alternativas. [1.02] Pareciera que lo económico, su concepto, es de inmediata comprensión o de fácil descripción. Sin embargo, entrado en tema, se advierte en concreto su complejidad. El ser humano es un ser vivo y necesitado. Además, lo económico cuenta con productos del trabajo humano; es lo que los clásicos denominaban en griego producto (poiémata, fruto de la poíesis o acto productivo), de donde viene la palabra castellana poesía, es decir, lo hecho (de facere, hacer en latín) con las manos del ser humano como fruto del proceso de trabajo. Lo económico es así una relación del ser humano con la naturaleza1 , que por ello denominaremos una relación productiva y tecnológica con la realidad objetiva. Pero lo económico no sólo es necesidad, trabajo y producto, sino que es la relación del productor del producto con otro ser humano. Dicha relación interhumana se denomina prâxis. De aquí que el producto puede donarse o regalarse, intercambiarse, comprarse, venderse o robarse a otra persona. Es decir, es una relación compleja práctica (entre seres humanos) mediante el producto del trabajo (entre el ser humano necesitado y la naturaleza): es una relación dialéctico práctico-productiva. [1.03] Esta relación es pensada por la teoría económica burguesa, por ejemplo la de Adam Smith en su obra El origen de la riqueza de las naciones (1776)2 , como una relación entre individuos en un estado de naturaleza, ya que cada uno trabaja y produce un producto diferente por la división del trabajo, que lo intercambia por el del otro. Ambos son poseídos con propiedad privada, y por el hecho del intercambio, han sido han sido puestos en el mercado y se han transformado en mercancías. Un contrato mutuo permite la compra o venta. Esta descripción es ya un modelo, un paradigma, una hipótesis de trabajo que supone siempre la afirmación a priori de una metafísica individualista inexistente empíricamente; porque nunca hubo un tal individuo sin comunidad y sin instituciones (siempre hubo un contrato o costumbre al menos implícitos) que le precedieran. Y si hubo un primer momento hipotético no pudo ser sino el de los clanes nómades del paleolítico, que eran comunidades en una economía de la abundancia, equivalencial (ya que gestionaban su propio excedente productivo), en donde el producto no se transformaba todavía en mercancía (en la auto-producción y en la auto-distribución comunal). Y si no fueran clanes, sino organizaciones mayores tales como etnias, tribus, pequeñas aldeas o ciudades del neolítico, entonces menos aún podrían existir individuos aislados en un hipotético estado natural (empíricamente imposible) anterior a la historia que es siempre institucional. Deberemos entonces comenzar a cero en la construcción de la historia de los sistemas económicos y de las categorías fundamentales, primeras, más acá de donde se inicia el discurso de las teorías económicas burguesa, capitalista clásica o neoliberal. Se trata de describir las condiciones siempre ya presupuestas en esas teorías y ocultadas por mecanismo teóricos que denominaremos fetichistas o encubridores de sus supuestos ideológicos.

Tesis 1 EL CICLO VITAL. NECESIDAD, VALOR DE USO Y CONSUMO [1.1] El ser humano viviente [1.11] Comencemos ahora el discurso argumentativo de la filosofía de la economía desde su inicio mismo. El planeta Tierra, que se originó hace unos 5.000 millones de años, un punto perdido entre millones de galaxias, es sin embargo el lugar, desde hace unos 3.500 millones, donde se dieron las condiciones para que emergiera el fenómeno de los seres vivos. La complejidad de una simple célula, es mayor que la de todo el universo inorgánico, constituido sólo de macro moléculas que se expanden a la velocidad de la luz en un universo inmenso con distancias de millones de años luz. El proceso evolutivo de la vida llegó al nivel de los seres más desarrollados, los mamíferos, entre ellos los primates, y sólo hace unos 4 millones de años apareció el homo habilis. Siguiendo el proceso evolutivo hace unos 150 mil años se expande desde el centro y este del África tropical el homo sapiens, que se impone sobre las otras especies menos evolucionadas, y se dispersa por toda la superficie terráquea en el Paleolítico, llegando a Europa y a América a partir de unos 50 a 30 mil años. [1.12] El homo sapiens tiene una constitución físico natural peculiar: es una corporalidad viviente con capacidad cerebral de conciencia y autoconciencia3 sobre sus actos. Como ser vivo –y esta característica tiene esencial importancia para toda economía posible, aunque parezca ingenua u obvia– tiene un metabolismo que consume energía (en último término solar, sintetizada por las bacterias y los vegetales) y otros insumos materiales que debe perentoriamente reponer. El ser vivo es frágil, vulnerable. Si no se alimenta se desnutre, y si come sobre el límite se indigesta y pone en peligro su existencia; si no bebe el líquido necesario se deshidrata, y si bebe demasiado se ahoga; si pierde temperatura se enfría, y si la sufre en alto grado se carboniza bajo el sol implacable del desierto. La vida humana está delimitada dentro de estrechos marcos o condiciones que deben ser respetados con todo rigor, de tal modo que si no se cumplen la muerte es el desenlace inevitable. Es una trágica dialéctica de vida o muerte. Siendo un ser viviente posee un subsistema cerebral (que siente el dolor, por ejemplo, como síntoma de peligro), que tiene la función de advertir la falta de energía o alimento en el organismo (del azúcar en la sangre) y de otros recursos, que le indican que debe producir una reposición de los mismos. Además, por su memoria (también cultural), dicho sistema de detección de los elementos de su contexto permiten tener una conciencia en general de aquello que le hace falta. [1.2] La necesidad [1.21] Llamamos necesidad la captación emotivo-cognitiva que siente la subjetividad viviente (en el ámbito del sistema límbico cerebral principalmente) de la falta de (es una negatividad física primera) un satisfactor posible que pueda reponer la energía consumida y otros insumos que no pueden dejar de estar presenten en el proceso vital. Vivir es consumir, y el consumo exige reposición. La necesidad se funda entonces en el hecho mismo físico, real, empírico de la corporalidad del sujeto humano como viviente, que es el punto de referencia originario del campo económico (porque en su esencia el ser humano es un ser que economiza energía para reponerla con la menor cantidad de esfuerzo posible, y así garantizar su vida perpetua4 en la Tierra). Esta vida humana no es un concepto, ni un principio, y como tal ni siquiera un criterio. Primeramente es el mismo modo de la realidad del ser humano: es el Urfaktum (hecho original originante) de todo el campo y de todos los sistemas económicos. En tanto viviente el ser humano tiene necesidades, y en tanto tiene necesidades pone (siendo simultáneamente una intención constituyente fenomenológica igualmente original) a todas las cosas que le rodean en el mundo como posibles satisfactores de esas necesidades (que no son meras preferencias, como veremos más adelante). El hambriento interpreta a todos los entes, las cosas, los objetos como posible alimento, y gracias a su inteligencia práctica, que descubre las características de la realidad física de las cosas circundante, escoge aquellas que son interpretadas como las que cumplen inmediatamente con esa necesidad. El sujeto necesitado puede equivocarse e ingerir algo venenoso como si fuera alimenticio. Ese error, o no-verdad, puede causarle la muerte. En ese caso la vida se transforma en el primer criterio de verdad (aún del conocimiento teórico, y evidentemente del práctico o del económico) 5 . [1.22] La intención fenomenológica que constituye a las cosas como satisfactores, estima la capacidad que tiene dicho bien en cuanto a la posibilidad de negar la negación; si el hambre es negación por ser falta-de, el comer es negar dicha negación afirmando al satisfactor en su cualidad real de tal; es decir, en cuanto tiene propiedades que el ser viviente necesita para sobrevivir: es entonces afirmación de la vida. El cumplimiento de las necesidades básicas (comer, beber, vestirse, habitar, tener una cultura, etc.) constituyen, además, lasexigencias éticas o normativas fundamentales de los sistemas económicos que toman con seriedad la materialidad de la subjetividad de la corporalidad humana6 . Esquema 1.01 El ciclo vital consumo Sujeto vivo satisfactor útil (tiene valor de uso) necesidad [1.3] El valor de uso [1.31] La constitución fenomenológica de la cosa como satisfactor de una necesidad es lo que denomina desde Aristóteles valor de uso. Es decir, la cosa real en sus propiedades de cosa, con sus determinaciones físicas, puede situarse como una mediación de consumo del sujeto humano necesitado, para calmar o colmar una necesidad. El valor de uso es la cualidad real que tiene la cosa y que se transforma en el contenido del consumo: es decir, es la utilidad de la cosa. El vestido ejerce su valor de uso en el acto de tenerlo puesto; si se lo guarda en el ropero es meramente potencial, es decir, no es actualmente valor de uso. Esencialmente, en su fundamento, el valor de uso es útil en tanto mediación actual que sirve para reproducir la vida. Valor de uso y utilidad son semánticamente correlativos (no se da uno sin el otro), aunque el primero indica una cualidad necesitada y la segunda su denominación abstracta. Sin viviente no hay valores de uso; hay sólo propiedades físicas. Sin necesidades las cosas meramente existen, pero no tienen valor de uso, porque no habría nadie que las use. Por otra parte, sin el ser humano no hay autoconciencia de las necesidades. [1.32] Además, las necesidades humanas determinan el consumir humano. El consumir humano no es un mero consumir animal. Es un acto cultural, hasta ritual, y por ello se puede festejar. Pero consumir, en su significación primera físico material, significa negar a la cosa real en su ser de cosa independiente e incorporarla7 , subsumirla en la interioridad de la misma corporalidad humana (el pan que es introducido en el órgano bucal, para desde allí desarrollar todos los momentos de la digestión hasta su ingestión intestinal). Esta ingestión es reposición de energía y de otros momentos materiales anteriormente negados (consumidos por el proceso metabólico de la vida), y por lo tanto es reposición o reproducción de la vida. Se repone lo consumido (en el proceso vital) por el consumo (de la cosa con valor de uso). [1.33] Puede entonces entenderse, y lo hemos ya indicado, que el valor “de uso” de las cosas reales sólo es puesto por el ser viviente, no en tanto propiedad real de la cosa, sino en tanto valor “de uso”. ¿Cómo podría tener “uso” algo simplemente real en la naturaleza que por ello no tendría utilidad ninguna ya que no se relacionaría a ningún ser viviente? Lo “de uso” del valor significa que la propiedad real de la cosa en-sí es para-otro (necesitado) útil. Utilidad y necesidad son los extremos dialécticos de la relación. Sin la propiedad real de la cosa la necesidad del viviente no descubre nada útil en su entorno (son cosas inútiles). Pero, desde el otro término, sin necesidad ninguna propiedad real aparece como útil; es simplemente real ahí. Los términos se definen mutuamente sólo en la relación dialéctica misma en acto. Sin embargo, puede decirse que la propiedad real de la cosa es fruto de la naturaleza misma, no su utilidad. K. Marx indica que el valor de uso está dado por la naturaleza, por ejemplo en la Crítica al programa de Gotha: a) sí, en tanto propiedad real (el árbol da como fruto una manzana con propiedades reales); b) no, en tanto útil (el árbol que da manzanas no las produce en acto alimenticias, sino para el que en su hambre las constituye como alimento). El ser humano puede encontrar esa propiedad real ya existente en la naturaleza, y en ese caso la usa. O puede producir la misma propiedad real (cuando planta la semilla de un manzano para cosechar las manzanas). En ese caso el valor de uso del satisfactor (la manzana que alimenta) es un producto humano que tiene un valor de uso producido (y por lo tanto tiene igualmente, por ser fruto del trabajo, otro tipo de valor: véase tesis 2.1). [1.4] El consumo [1.41] El sujeto necesitado se procura el satisfactor, como recolector, cazador o pescador nómade al comienzo de la historia; obtiene la cosa cuyo contenido aquieta la necesidad en cuanto incorpora a su subjetividad física la propiedad real de ese bien que revierte el estado de ansiedad del peligro de no poder satisfacer lo exigido por la vida para sobrevivir. Se denomina consumo el acto mismo por el que la posesión de la cosa se consuma en la incorporación real del satisfactor en la subjetividad sentiente (por ejemplo, en el caso de la bola alimenticia que es tocada por las papilas gustativas o por las mucosas del estómago que desvía la capacidad disolvente del ácido gástrico, que producía la sensación de hambre, un cierto dolor, hacia el alimento que va siendo digerido por el estómago; en el caso del vestido, por ejemplo, significa el sentir y realizar el conservar la temperatura; en el caso de la casa, el guarecerse efectivamente, sobre todo durante la noche, de los elementos hostiles; etc.). El consumo es la “subjetivación de la objetividad” (dice K. Marx en los Grundrisse). [1.42] Por otra parte, la satisfacción es el efecto físico y sensible subjetivo del hecho del consumo realizado. El cerebro detecta en el acto de la ingestión la reposición de azúcar en la sangre, por ejemplo, y la situación de hambre, de desagrado, de la necesidad deja de sentirse. El sujeto se ha repuesto y el ciclo vital primigenio (pre-económico) se ha cumplido. Y es anterior a la misma economía porque todavía no ha habido trabajo, producción, modificación del entorno físico-natural, intercambio. La cosa real y sus propiedades físicas como satisfactor se encontraba ya en el mundo circundante y fue necesario sólo tomarla, por “estar a la mano”, y consumirla, incorporarla, subsumirla. Es simbólica o míticamente el paraíso anterior a la economía, o la economía de la abundancia de los recolectores y cazadores del Paleolítico. Pero, en verdad, ni aún en ese caso el valor de uso era consumido puramente sin algún esfuerzo, porque ir a recoger una raíz difícil de extraer o el cazar un animal veloz significó ya un cierto trabajo. Por ello esa situación originaria ideal es más bien un postulado que un hecho empírico. Un tal estado de naturaleza no existe nunca realmente. [1.5] La comunidad viviente y necesitada [1.51] Téngase claramente en cuenta que ese ciclo vital originario (viviente-satisfactorconsumo, esquema 1.01) siempre tuvo por actor colectivo a una comunidad, sea una familia, un clan, una tribu, etc. El individuo aislado y solitario de Adam Smith (que se refiere al de Th. Hobbes) es una “robinsonada” absurda que no vale como hipótesis, ni como postulado, ni siquiera como hecho histórico. Es simplemente un punto de partida ideológico fetichizado, falso. [1.52] Por el contrario, la comunidad es la referencia intersubjetiva inevitable, tenga mucha densidad empírica (como hoy entre los Aymaras de Bolivia) o poca (como en la vida urbana del siglo XXI en numerosas ciudades de Europa o Estados Unidos), pero siempre se tienen relaciones prácticas comunitarias. Son relaciones las más diversas, institucionales o no, tales como las lingüísticas (como el lenguaje y la comunicación), de familia y parentesco, de amistad informal, de adhesión, de participación en asociaciones de la sociedad civil, educativas, voluntarias, etc. La comunidad es el modo de la existencia humana y punto de partida de la vida económica. Un cierto individualismo metafísico pretende partir de individuos egoístas que estarían originariamente enfrentados por la competencia en un hipotético (pero imposible) estado de naturaleza hobbesiano. Dicho enfrentamiento siempre es posible sobre el fundamento duro de la comunidad como condición a priori de posibilidad de la misma competencia, porque ¿cómo podrían oponerse seres que no estuvieran en un mismo campo, que no tuvieran una misma lengua, que no tuvieran bienes comunes por los que lucharan y desde proyectos de existencia semejantes? La competencia de los singulares ya presupone siempre como condición de posibilidad ontológica a la comunidad, como el sustrato sobre el que se construye esa manera agresiva (y patológica) de afirmación del sujeto competitivo. [1.53] Histórica y realmente, sin necesidad de avanzar nada hipotéticamente, la comunidad gestiona siempre lo necesario y lo distribuye equitativamente. Es lo que llamaremos un sistema equivalencial. Cada miembro de la comunidad colabora en la obtención de los satisfactores con valor de uso y no haría acumulación excesiva e injusta del excedente en manos de algún miembro de la comunidad. Lo común se imponía.

Fuente: http://www.enriquedussel.com

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