Cuatro odas de Horacio. Selección y comentarios de Eduardo A. Molina Cantó

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Horacio – Cuatro Odas

por Eduardo A. Molina Cantó

Quinto Horacio Flaco (65-8 a. C.) nace en Venusia y de muchacho estudia en Roma y luego en Atenas. Llega a ser tribuno militar en el bando republicano y, después de la derrota de Filipos, es amnistiado y regresa a Roma. Trabaja como secretario del cuestor y el año 41 empieza a escribir los Épodos y las Sátiras. Por esa misma época frecuenta la escuela epicúrea de Sirón, en Nápoles, y conoce a Virgilio (“mitad de mi alma”, animae dimidium meae, según la Oda I 3,8), cinco años mayor y ya famoso. Este lo presenta a Mecenas, quien luego de un tiempo lo incluye en su círculo literario y del que será amigo durante años. El año 35 a. C. aparece el primer libro de las Sátiras o Sermones; el 30, el libro II de las Sátiras y también los Épodos; el 23, los tres primeros libros de sus Odas; el 20, el libro I de las Epístolas; el 17, el Carmen saeculare; el 15, el libro II de las Epístolas; el 13, por último, el libro IV de las Odas.
Presento aquí cuatro odas de Horacio, ya vertidas tantas veces a tantos idiomas, lo que sólo el placer de la traducción puede justificar. Las dos primeras las traduje por primera vez hace ya diez años, en un taller de traducción dirigido por mi profesor Antonio Arbea y las revisé nuevamente hace un par de años para una charla sobre el Arte poética de Horacio. Supongo que podría seguir modificándolas constantemente sólo para revivir esos primeros ejercicios de traducción. La tercera oda que presento es mi respuesta a un regalo: una versión de ella hecha por mi amigo Olof Page hace ya también unos buenos años. Ahora aproveché esta ocasión para decir lo mismo de otra manera. Finalmente, la cuarta oda, del viejo Horacio, la vertí especialmente para esta ocasión.

OdasI, 5Quis multa gracilis te puer in rosa
perfusus liquidis urget odoribus
grato, Pyrrha, sub antro?
cui flavam religas comam,
simplex munditiis? heu quotiens fidem
mutatosque deos flebit et aspera
nigris aequora ventis
emirabitur insolens,

qui nunc te fruitur credulus aurea,
qui semper vacuam, semper amabilem
sperat, nescius aurae
fallacis. miseri, quibus

intemptata nites. me tabula sacer
votiva paries indicat uvida
suspendisse potenti
vestimenta maris deo.

Odas I, 5¿Qué grácil muchacho, sobre una multitud de rosas,
bañado en líquidos perfumes, te aprisiona,
Pirra, en el fondo de una deliciosa gruta?
¿Para quién sujetas tu dorada cabellera,tú, sencilla en tu elegancia? ¡Ay! Cuántas veces de tu fidelidad
y de los cambiantes dioses se lamentará aquel, y del mar
encrespado por negros vientos
se asombrará, desacostumbrado,

el que ahora confiado goza de ti y de tu hermosura,
el que siempre espera que estés disponible, siempre dispuesta a ser amada,
ignorante él de la brisa
falaz. Desdichados aquellos para los que

brillas, sin haberte experimentado. La sagrada pared
testimonia, con su tabla votiva,
que yo he colgado mis mojadas ropas
para el dios soberano del mar.

I, 11Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros. ut melius, quidquid erit, pati!
seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum: sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem quam minimum credula postero.
I, 11No trates tú de averiguar —no está permitido saberlo— qué fin para mí, qué fin para ti
nos han dado los dioses, Leucónoe, ni tientes los cálculos babilónicos.
¡Cuánto mejor es soportar todo lo que pueda pasar!
Ya si Júpiter te concede muchos inviernos, ya si es el último
este que ahora desgasta el mar Tirreno contra las rocas,
sé sabio, cuela tus vinos y, en este breve espacio de tiempo,
suprime toda larga esperanza. Mientras estamos hablando, terminará de huir el odioso
tiempo: aprovecha el día, confiando lo menos posible al día siguiente.
II, 3Aequam memento rebus in arduis
servare mentem, non secus in bonis
ab insolenti temperatam
laetitia, moriture Delli,
seu maestus omni tempore vixeris,
seu te in remoto gramine per dies
festos reclinatum bearis
interiore nota Falerni.
quo pinus ingens albaque populus
umbram hospitalem consociare amant
ramis? quid obliquo laborat
lympha fugax trepidare rivo?

huc vina et unguenta et nimium brevis
flores amoenae ferre iube rosae,
dum res et aetas et sororum
fila trium patiuntur atra.

cedes coemptis saltibus et domo
villaque, flavus quam Tiberis lavit;
cedes, et exstructis in altum
divitiis potietur heres.

divesne prisco natus ab Inacho
nil interest an pauper et infima
de gente sub divo moreris,
victima nil miserantis Orci.

omnes eodem cogimur, omnium
versatur urna serius ocius
sors exitura et nos in aeternum
exsilium inpositura cymbae.

II, 3Recuerda conservar un ánimo tranquilo
en los momentos difíciles, y templado en los buenos,
lejos de toda exagerada
alegría, Delio que has de morir,ya sea que hayas vivido triste en todo momento,
ya sea que tú, recostado sobre solitarios prados,
seas feliz en días de fiesta
con un Falerno de antigua cepa.¿Para qué el alto pino y el álamo blanco
gustan de unir su sombra hospitalaria
con sus ramas? ¿Por qué en el sinuoso arroyo se esfuerza
la fugaz linfa por correr?

Manda traer acá vinos y ungüentos y las tan pasajeras
flores del amable rosal,
mientras las circunstancias, el tiempo y los hilos
negros de las tres Parcas lo permitan.

Te irás de los prados que has comprado y de la casa
y de la villa que baña el rubio Tíber;
te irás, y de las riquezas acumuladas
se adueñará tu heredero.

Ya seas rico, descendiente del viejo Ínaco,
o pobre y de humilde linaje, no hay ninguna diferencia
en cómo bajo el cielo te demores,
víctima del Orco inmisericorde.

Todos somos empujados hacia el mismo final, de todos
se agita en la urna tarde o temprano
la suerte que saldrá y nos depositará en la barca
que conduce al exilio eterno.

IV, 7Diffugere nives, redeunt iam gramina campis
arboribusque comae;
mutat terra vices et decrescentia ripas
flumina praetereunt;
Gratia cum Nymphis geminisque sororibus audet
ducere nuda choros.
inmortalia ne speres, monet annus et almum
quae rapit hora diem.
frigora mitescunt Zephyris, ver proterit aestas
interitura, simul
pomifer autumnus fruges effuderit, et mox
bruma recurrit iners.
damna tamen celeres reparant caelestia lunae;
nos ubi decidimus
quo pater Aeneas, quo Tullus dives et Ancus,
pulvis et umbra sumus.
quis scit an adiciant hodiernae crastina summae
tempora di superi?
cuncta manus avidas fugient heredis, amico
quae dederis animo.
cum semel occideris et de te splendida Minos
fecerit arbitria,
non, Torquate, genus, non te facundia, non te
restituet pietas;
infernis neque enim tenebris Diana pudicum
liberat Hippolytum,
nec Lethaea valet Theseus abrumpere caro
vincula Perithoo.

 

Fuente: www.letrasenlinea.cl

IV, 7Huyeron las nieves, ya vuelven las hierbas a los campos
y a los árboles su cabellera;
la tierra se renueva otra vez y los ríos al decrecer
retornan a sus cauces;
la Gracia con las Ninfas, hermanas gemelas, se atreven
a dirigir desnudas sus coros.
“No esperes nada inmortal”, aconseja el año y la hora
que rapta al vivificante día.
Los fríos se suavizan con los Zéfiros, a la primavera reemplaza el verano,
que a su vez va a morir
cuando traiga sus frutos el pomífero otoño, y pronto
retorna el inerte invierno.
Pero rápido reparan las lunas sus mermas en el cielo;
nosotros, en cambio, una vez que hemos caído
donde el padre Eneas, donde el rico Tulo y Anco,
polvo y sombra somos.
¿Quién sabe si agregarán otros mañanas al tiempo transcurrido hasta hoy
los dioses del cielo?
De las ávidas manos de tu heredero huirá todo lo que amistosamente
diste a tu alma.
En cuanto hayas muerto y Minos haya dictado sobre ti
sus sonoras sentencias,
ni tu estirpe, Torcuato, ni tu elocuencia, ni tu
piedad te devolverán a la vida;
pues ni Diana libera de las tinieblas infernales
al pudoroso Hipólito,
ni Teseo es capaz de romper las leteas cadenas
del querido Perítoo.

 

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